FOROS de CULTURA: Los nuevos CAMPESINOS

En el número de quinto aniversario de Performance aparece una columna de El Diletonto comentando el reciente Foro Veracruz y la Cultura, convocado por varias instituciones para congregar diversos estudiantes, maestros, profesores, académicos e incluso artistas, con el doctor Javier Duarte.

Los intelectuales son los campesinos de la edad digital. Antaño, los candidatos a un puesto de elección popular visitaban a los agricultores y habitantes del campo para escuchar sus vivencias y problemas, la cual, entonces como hoy, resulta atávica. Como igual de atávica resulta la situación de la cultura y las experiencias y más que vivencias, dolencias de sus creadores. No importa el candidato, la filiación partidista e ideológica, el político convoca a los creadores e intelectuales para investir su campaña de altruismo, para prometer y finalmente para cumplir con su agenda de escuchar, congregar y adoctrinar a la ciudadanía entera. Si se encuentra con taxistas y con líderes de colonias, ¿por qué no habría de reunirse con los así llamados intelectuales? Además, son gratis, no acuden por tortas sino para sentirse importantes. Perros mansos que se contentan con una carantoña.
El término “Intelectual” no definía al trabajador de las ideas, mucho menos a quien se limita a trasmitir el saber o a oficiar de funcionario de cultura –ahora les quieren llamar gestores–, sino a quienes participan con sus análisis y posiciones en la vida pública. Son quienes, al modo de Voltaire y su idea del “pequeño filósofo”, confrontan a su época y sociedad interviniendo en el debate social. Metiches, que opinan y hablan de lo que no les llaman.
Justamente porque el papel del intelectual es intervenir desde la tribuna, comúnmente los periódicos, pero también los medios de comunicación de imagen, y ejercer la crítica, discutir y muchas veces, si no siempre, disentir de la opinión del gobierno y de las clases conservadoras, Xalapa carece de líderes intelectuales. Cierto, hay, han habido, grandes escritores, importantes eruditos, notables académicos, algunas de fama mundial, pero no suelen disentir ni oponerse al prestigio del rey. Sujeta a la burocracia, dependiente del dinero de las arcas estatales, en esta ciudad en cambio abundan los gestores, perdón, los funcionarios de cultura, los que administran y sí viven del escaso recurso que se aplica para la cultura, y los artistas y creadores palaciegos. Podrá no haber presupuesto pero siempre habrá funcionarios. En el futuro los verdaderos objetos de culto serán los artistas.

De ahí la molestia con políticos que atienden a uno de los sectores más descuidados de la sociedad sólo en tiempos de elecciones. Los candidatos ofrecen, ahora como hace seis años, una panacea: convertir a Xalapa en un corredor cultural, recurrir al turismo cultural para atraer dinero. Sin embargo mientras la actitud con que los políticos contemplan y consideran a los creadores, promotores y empresarios que se dedican a la cultura, continúe siendo condescendiente, cuando no francamente despectiva, poco o nada cambiará. Hace tres años se pedía un teatro para la ciudad. Ahora el en ese momento aún precandidato Javier Duarte lo promete. La pregunta es: ¿se permitirá su uso a las agrupaciones teatrales, dancísticas, literarias independientes o sólo a quien apoquine su varo? Son veinticinco mil pesos lo que cuesta la Sala Grande del Teatro del Estado. Esa es una minucia: si no tienen río, les haremos un puente. Y si no tienen grupos artísticos, les daremos un teatro, aunque sea para festivales de fin de cursos. Se necesita un teatro sí, pero más se necesita cambiar los hábitos artísticos y de sensibilización.


Los tontos útiles


Hay que hacerles
comprender a los políticos, a los aspirantes a gobernarnos, que un foro no es un espacio donde un político dirige un discurso a la audiencia, mientras a cambio recibe aplausos y genuflexiones. Un foro es un espacio donde se debate y se dialoga con respecto a un tema. El reciente foro ambiciosa y al mismo tiempo equívocamente llamado “Veracruz y la Cultura” –equivocado nominalmente porque recuerda a la fundación cultural de Dante Delgado Rannauro, Veracruz en la Cultura–, fue todo menos un foro. El entonces precandidato que ya sabía que sería candidato se reunió con intelectuales, más de mil quinientos, dice la nota, fue saludado por el antropólogo José Velasco Toro –alguna vez aspirante a la rectoría– e igualmente intervino el notable intelectual Francisco Rangel, saludando los méritos de Duarte. Si no saben quién es Rangel, yo tampoco.
Desde los años en que Luis Echeverría Álvarez fletaba aviones repletos de intelectuales hacia Suramérica, no sabíamos que existían tantos: mil quinientos, sólo en Xalapa. El misterio por supuesto fue resuelto por el único periódico que más allá de las cifras y del resumen del discurso de Duarte buscó aclarar quién convocó. El informativo digital Veracruzanos. Info acotó que el Instituto Tecnológico de Veracruz convocó a los intelectuales junto con el Círculo Cultural de Veracruz.
Hemos querido indagar quiénes conforman ese Círculo Cultural. Rumores que trae el viento en esta soleada Xalapa nos susurran que los conjurados son intelectuales siempre ilustres que siempre están aspirando a un cambio –algunos de sexenio, otros sólo brincar a un nuevo puesto. Por lo pronto, junto con ese grupo de notables, se disputan el dudoso honor de una convocatoria donde la mayoría no eran quienes decían ser –intelectuales– ni todos los que decían eran, instituciones como COBAEV, IN-JUVER, SEV, UV –a través de Manuel Zepeda– y el Ayuntamiento de Xalapa. Como alguien dijo: o sea que las instituciones sí están participando en el acarreo. Nosotros preferimos creer que mil quinientos notables intelectuales acudieron devotamente a la feligresía que el sábado 25 de marzo se ofició en la Sala Grande del Teatro del Estado. Y muchos salieron tan sonrientes como el doctor Arredondo, quien se dice brinca de sexenio sin cambiar de silla.

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2008, UN AÑO PARA ENTERRAR

Entre lo sobresaliente de 2008, la presentación del libro Desciendo al corazón de la noche de Ramón Rodriguez, con la presencia de josé de la Colina.Cataclísmicos títulos atestiguan, profetizan o corroboran “la decadencia de la cultura x”, “el desvanecimiento de la tradición y”, “el ocaso del espíritu z”. Pocas veces reparamos en que esos informes y dictámenes de fin de una época pueden ser aplicados más cerca nuestro. 2008 será recordado, si es que un año tan mediocre merece recuerdo, por el desvanecimiento de la cultura. Más allá de que la torpeza del régimen del presidente Felipe Calderón poco ha hecho por transformar las ya obsoletas estructuras del FONCA, cuyo único mérito ha sido sostener el Sistema Nacional para la Cultura y las Artes, con sus siempre controvertidas becas y una serie de programas necesarios pero insuficientes, lo que se advierte en la cultura a nivel institucional es la ausencia de planteamiento, de un programa de cultura que trascienda la coyuntura.
Si el 2008 será recordado por algo será por ser el año de Carlos Fuentes, ya que celebramos su ochenta aniversario y conmemoramos los cincuenta años de su novela basal: La región más transparente, de cuya recepción dimos noticia en abril, con un artículo de José Homero, que situaba la obra dentro del contexto de la tradición mexicana.
Si a nivel nacional fue patente la ausencia de criterio, y con ello involucró no sólo la capacidad de disección sino igualmente la capacidad de análisis, razón y vislumbre que debe distinguir a un funcionario cuya función es crear programas y diseñar estrategias para resolver problemas, en este caso la cultura y el retraso de años, la proverbial incultura de las huestes panistas aunado a su compromiso con la diabólica lideresa del magisterio han terminado por destruir toda esperanza de una renovación, en el ámbito local, donde la cultura no la dominan los panistas sino los rojos, resultó fehaciente que la falta de presupuesto adecuado e igualmente de un programa, de un concepto, de una idea de cultura han terminado por afectar ya no sólo los planes de largo alcance, lo que llamaríamos los planes del sexenio, sino incluso los planes inmediatos. Para resumir: tanto a nivel nacional como a nivel estatal la cultura agoniza.
En el ámbito institucional la mengua en los presupuestos destinados a cultura, lo cual data desde 2007, redundó en un empobrecimiento gradual que ya es patente, que ya es notorio, en el circuito digamos de cultura: galerías, teatros, bibliotecas, espacios públicos. No se han construido nuevos espacios, como se prometió hace cuatro años, no se han ideado festivales que estén a la altura de la tradición cultural y hospitalaria de Xalapa, como se ha venido prometiendo, y los pocos espacios físicos han acendrado su deterioro mientras los festivales que aún se mantienen lucen cada vez más miserables. Sí, suena duro, pero ese es el término. Un crítico no puede ni debe edulcorar palabras sino en usarlas con justicia.

Sin presupuesto y sin ideas


A NIVEL DIGAMOS institucional es patente que el Instituto Veracruzano de Cultura carece de un presupuesto adecuado para cumplir con sus programas y funciones, lo cual termina siendo el lastre más acusado y acaso por ello, para solucionar el problema de los empleados, se ha pretendido derogarlo como institución, pero también se advierte que carece de una perspectiva de la cultura que se efectúa en el Estado. Es loable que haya interés por ser incluyente con la cultura popular, interés que por otra parte en modo alguno estuvo proscrita en las administraciones anteriores, huelga decirlo, pero no hay que soslayar que la cultura no puede ser de una vía única. Incluso, después de los debates y abogamientos a favor de la cultura popular o masiva, la acepción de cultura como una expresión de las artes y de una minoría ilustrada prevalece. La expresión más depurada de las expresiones humanas continúan siendo las artes, no las artesanías, que implican una serie, no una creación única, ni las tradiciones, que expresan no los anhelos, ideales y cifras, sino los ritos de integración colectiva.
Un instituto de cultura tiene la obligación de ofrecer programas de educación artística tanto como de ofrecer muestras de lo más representativo de las artes y no únicamente programas que pueden confundirse con un festival de fin de cursos. Y si puede comprenderse que los festivales mengüen, que las becas continúen con sus dudosos mecanismos de selección –hay funcionarios en activo que fueron becarios en activo, sin que ni los medios ni los artistas, mucho menos los encargados del Programa de Estímulos lo advirtieran–, no es comprensible que no pueda ofrecerse un programa de exposiciones, conferencias, obras de teatro o cursos medianamente decentes.
La carencia en el presupuesto se debe suplir con el conocimiento de las bondades del sistema. El CONACULTA, a través de sus diversos programas itinerantes, ofrece un catálogo de obras, exposiciones, artistas y creadores que permiten vestir a un estado con programas y recursos limitados. En vez de eso se prefiere programar a los que nunca se han ido. Y por eso los jóvenes, los nuevos y potenciales artistas, se desarrollan con un atraso en cuanto a conocimiento de las nuevas tendencias. Veracruz no es más la vanguardia artística; lleva años a la zaga, continuar repitiendo que nuestro estado es líder en materia de cultura sólo es adecuado para quienes lucran con ese presunto prestigio, válido únicamente para que los funcionarios puedan continuar cobrando.
Menciono al IVEC porque continúa siendo hasta hoy el organismo más importante de cultura en nuestro estado. En este 2008 de igual modo se corroboró que pese a los planes y conceptos en torno a cómo debería de reorganizarse la jerarquía gubernamental –la palabreja de reingeniería me caga, por eso no la uso :P–, la realidad, la abulia, la apatía, permitieron que las aguas retornaran a su cauce. No hay supersecretaría, Turismo y Cultura sigue siendo una Secretaría de Turismo y no de otra cosa, y el IVEC se mantiene y ratifica como el organismo rector de la cultura de Veracruz. Esa y no la construcción faraónica de la Araucaria, obra con la que aclaro no estoy a disgusto ni me sumo a los corrillos que la denostaron, es la gran noticia de 2008: la pervivencia del IVEC como organismo rector de la cultura.
Sin embargo, cabe añadir que la Universidad Veracruzana vio también afectada su participación como el segundo organismo más importante de cultura en Veracruz. La mengua en el presupuesto afectó directamente a la organización de la Feria Internacional del Libro Universitario, cuya edición 2008 tuvo el mérito de invitar a muchos de los escritores y editores de México que están creando la nueva literatura mexicana, pero que no creció de manera exponencial como antaño. Al menos la feria cumplió, ya que fue este justamente el año más polémico en la historia de la Editorial de la Universidad Veracruzana, con el relevo en clave de comedia de enredos en la dirección. Joaquín Díez-Canedo Flores, el nuevo director, ha sabido imprimir en pocos meses un sello propio, basado en el respeto, el conocimiento y su amplia agenda de relaciones.
Un punto a atender sería la Dirección de Divulgación Artística de la UV, que ha visto decrecer su presencia como supremo gestor de la difusión de los grupos artísticos y culturales univesitarios, y en cambio ha aumentado su influencia en ámbitos que antaño no le competían al punto que su titular se vio envuelto en infames rumores a raíz de la muerte de Erasmo Capilla, e incluso de Lorenzo Arduengo –sobre estos hechos, amplia información circula en Internet–. En ambos casos se habló de falta de apoyo para los respectivos programas que sostenían los extintos. Resulta obligado pedir que se esclarezcan los rumores y se forme un consejo que vigile la manera en que se asignan presupuestos.
Para concluir esta somera revisión de la cultura como programa institucional debe destacarse la labor del Ayuntamiento de Xalapa. No porque su programa de cultura sea sobresaliente –es en realidad provinciano, de barrio–, sino porque el anterior alcalde había mostrado su absoluto desdén por todo aquello que no fuera la cultura de la cubeta. Y no de las que ofrecen con privado a la mesa. Eso lo hubiera aplaudido JuanPi 2 desde la mesa que más aplaude –por aquello del rac, rac, rac. Velasco Chedraui y sus empleados al menos están programando obras populares, ofreciendo bailes y talleres. Es una alte rnativa, no la mejor, pero como decía mi abuela: peor es chile y agua lejos. Ojalá que a esa cultura de programación-de-fin-de-cursos alguien agregara un buen programa editorial, ciclos de conferencias, talleres por colonias, y la creación de espacios para danza y teatro en sitios hoy abandonados.
La cultura no es un adorno ni un entretenimiento para ociosos o estudiantes: es una necesidad. Xalapa, se ha dicho mil veces, podría vivir de su oferta cultural. En cambio, una costumbre que nunca cambia, los políticos y dirigentes prefieren continuar sosteniendo periódicos que nadie lee, revistas que a nadie le importan, periodistas que no lo son. No pedimos que se cancelen los programas en colonias –o delegaciones–, lo que pedimos es que el programa de cultura municipal sea un complemento de los programas de las otras instituciones. Y sobre todo, que haya una difusión adecuada que permita canalizar el esfuerzo que tantos creadores, desde posturas individuales, de grupo o colectivas, realizan en beneficio de la comunidad.
Mientras no haya un adecuado programa de cultura, que por principio comprenda qué es cultura, mientras no se respeten los derechos de los trabajadores, mientras las decisiones continúen siendo unilaterales, a cargo del líder iluminado en turno, no habrá manera de transformar nuestra sociedad. De este análisis se desprende que lo que menos hay, en esta época de eximias gestores, promotores, doctores y asesores, es una visión integral de la cultura.