ORGULLOSO de ser CLASISTA

Pregunta una voz en off: ¿De qué te sientes orgulloso? Un anciano con su nieta, un niño de siete u ocho años, una niña futbolista, una empleada, un campesino, un chavo banda, una anciana, un eskato, un pequeño empresario, un grupo de estudiantes, un grafitero, una anciana (otra) enumeran los motivos para sentirse orgullosos: “de nuestra historia”,”de mi bandera”, “de mi gol”, “ de mi esfuerzo”, “de mi tierra”, “de mi jefecita”, “de mis tradiciones”, “de no darme por vencido”, “de mi gente”, “de mi Selección”, “de mi obra maestra”, “de mi hija que se graduó”.

Resulta sintomático que en este clip que el Gobierno Federal promueve a través de los canales propicios a la difusión y propaganda de masas –la televisión, las salas cinematográficas, Internet, incluido youtube–, ninguno de los motivos para sentirse orgullosos de ser mexicanos apunte o señale hacia la cultura o sus manifestaciones estéticas.
México, como cualquier otra nación, es una identidad forjada por la ideología. La Academia de Letrán y los escritores vinculados a las tareas programáticas, como Ignacio Manuel Altamirano, Ignacio Ramírez, Guillermo Prieto y varios más, buscaron otorgar al incipiente país pletórico de diferencias étnicas, geográficas y de tradiciones costumbres, una unidad aglutinada en torno a la historia, las leyendas y la literatura. Así surge la idea de una “cultura nacional”, definida por Carlos Monsiváis como: “La élite transforma la guerra civil en guerra nacional y patriótica y se instalan la voluntad de la nación y la mística de la patria para cohesionar en torno a las minorías de la clase alta a las múltiples colectividades y culturas que alberga un territorio” (“La nación de unos cuantos y las esperanzas románticas”). Cohesión mediante el mito, en este caso la historia y la literatura. Ese proyecto fue retomado por el Estado en el siglo veinte después de la institución del proyecto revolucionario, enfatizado por los nuevos medios de masas: el cine, la radio. El muralismo, la novela de la Revolución, el cine, la historia patria, la música, los ídolos populares, sirvieron para construir y cimentar esa identidad.
A juzgar por el video pergeñado por la comisión Bicentenario México 2010, cuyo consejo directivo integran Felipe Calderón Hinojosa y Marcelo Ebrard Casaubón, entre otros, pero cuya realización recae en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, que encabeza José Manuel Villalpando, nada de eso conforma nuestra identidad. Mi voz (en off, of course) les pregunta: ¿cómo decidieron cuáles son los motivos de los mexicanos para sentirse orgullosos? ¿Efectuaron una encuesta? O estos señores decidieron en una mesa mientras degustaban coñacs y aspiraban aromáticos habanos que los jodidos, pues aunque los personajes representados en el video pretendan reflejar la variedad de nuestra nación, todos corresponden a las clases populares, cuando mucho clase media baja, seguramente sólo podrían sentirse orgullosos de sus tradiciones, de su esfuerzo, de sus hijas, de su selección… El video es clasista, claro, da voz a los jodidos pero pensándolos retrasados que sólo viven para trabajar –ese empresario tortillero que dice sentirse orgulloso de su gente como si fuera ganado, provoca ganas de patearlo para que esté más orgulloso– y para pensar en la jefa, en la hija que es un tesoro, en la selección que une…
Cuando se asocia a Inglaterra con una imagen aparecen William Shakespeare o The Beatles, a Irlanda se le vincula con Oscar Wilde o U2; a España, con Cervantes o Goya; a Argentina con Borges y Maradona. A México, podríamos asociarlo con Frida Kahlo y Octavio Paz; con Sor Juana y Diego Rivera; con Pedro Infante y Juan Gabriel. Si a mí me preguntaran de qué me siento orgulloso respondería que de nuestra comida y de nuestra poesía. Pero claro todo eso seguro no lo pueden apreciar los jodidos mexicanos que es el público al que este malhadado clip va dirigido.