30AÑOSde elAGORA

I de II partes

Cartel anunciando la exposición La Balada del Café Triste de Alberto Morales, Cat

Cartel anunciando la exposición La Balada del Café Triste de Alberto Morales, Cat

Durante el sexenio de José López Portillo, la Primera Dama Carmen Romano instituyó dos organismos cuyo propósito eran fortalecer a la familia como unidad de la sociedad y propiciar las actividades culturales y de esparcimiento. Surgieron así el DIF (Desarrollo Integral de la Familia) y el FONAPAS (Fondo Nacional para las Actividades Sociales). Mediante el FONAPAS se buscaba promover actividades artísticas y culturales y en consecuencia se abrieron salas de concierto, casas de cultura y salas de lectura.

Comprender gama tan amplia de actividades requería un espacio único; un centro de irradiación cultural para la comunidad. Así se retomó el concepto del ágora ateniense y surgieron los Ágora, que afloraron en varias ciudades de la república, incluyendo Ciudad de México, San Luis Potosí, Villahermosa, Tuxtla Gutiérrez, Mérida y por supuesto Xalapa. En realidad se trataba de una versión modernizada de las añejas casas de cultura: sede de talleres, con lecturas y conferencias, espacio galerístico para presentar exposiciones y un auditorio para espectáculos cinematográficos, musicales o dramáticos.

El Ágora de la Ciudad de Xalapa se asentó en los terrenos del antiguo Convento de San Francisco, donde primero había funcionado el Salón Victoria, un sitio de convivencia que contaba con sala de baile, pista para patinaje y sala de cine, en cuyas instalaciones posteriormente operó el Archivo General del Estado de Veracruz. La iniciativa del proyecto de restauración se presentó en 1977 al entonces gobernador Rafael Hernández Ochoa por el Patronato Pro Centro Cultural que presidía Rebeca Bouchez. De 1978 a 1979 se desarrolló el rescate del edificio del Archivo y se procedió a adecuarlo para la edificación de El Ágora, bajo la encomienda de los arquitectos Víctor Loyo Ramos y Enrique García Ramírez. Fue inaugurado el 11 de agosto de 1979 con Rebeca Bouchez como administradora.

Ágora sin memoria

Siendo El Ágora un espacio cuya existencia ha sido decisiva para la vida cultural de Xalapa sorprende que no exista una crónica fidedigna ni siquiera un registro confiable, estadístico al menos, de tan importante recinto. No hay fotografías, no hay archivos y tampoco una crónica rigurosa. Para escribir una historia puntual sería menester revisar los archivos hemerográficos y a la investigación mediante informantes. Existe una fuente al respecto: la crónica escrita por Rebeca Bouchez, fundadora y administradora en la mayor parte de la existencia de El Agora, la cual es posible consultar en el sitio en internet de El Agora y que se reproduce en muchos otros espacios, como verdad instituida y oficial. Otro documento, efectuado igualmente bajo la encomienda de Bouchez, que se puede consultar en los archivos del DIF, reitera la información de la crónica. Transcribo dos párrafos de la crónica:

En el ya mencionado Manual de Organización de El Ágora de la Ciudad, se lee:

La historia oculta

Durante la primera administración de Rebeca Bouchez, El Agora vivió una época de oro. Se crearon talleres de creación literaria y de redacción; se montaron exposiciones importantes; y funcionaba ininterrumpidamente el cineclub, además de la puesta en escena de obras de teatro y festivales. Era un verdadero centro de cultura. Y aunque Bouchez dejó El Agora, éste continuó funcionando, gracias, en principio a Roberto Jiménez, quien había sido subalterno de Bouchez. Durante esa época además de las actividades cinematográficas se instauraron talleres de creación literaria. Manuel Cortés, sucesor de Jiménez, quien fuera director del FONAPAS a nivel nacional, aportó su conocimiento institucional y sus relaciones con sellos editoriales y discográficos a nivel nacional.

Durante el periodo que en la crónica de El Agora y en el Manual de Organización de El Ágora de la Ciudad es descrito como sin operaciones ni actividades relevantes, coordinaron Indra Olavarrieta, Fernando Ruiz Granados y José Homero. Los funcionarios a quienes directamente interesaba el futuro de El Agora de la Ciudad fueron Eduardo Pérez Roque, quien fungía como subdirector –posteriormente, con Dante Delgado Rannauro sería Director General– del DIF, y Sergio Dorantes Guzmán, ambos fallecidos y cuya versión de cómo tomaron El Agora y qué números se entregaron después de la primera etapa de gestión  sería indispensable conocer.

Ruiz Granados, entonces joven escritor, recién egresado de Letras Españolas, ambicioso de suyo, administró en los albores de la gubernatura de Fernando Gutiérrez Barrios, quien a través del DIF estatal, presidido por Divina Morales de Gutiérrez Barrios, consideraba necesario mantener la vigencia de El Agora, ya entonces un espacio con visible deterioro físico, como un lugar de reunión y difusión intelectual. Con la asesoría de Roberto Ortiz y de Lorenzo Arduengo se mantuvieron los ciclos de cine, se acordaron festivales con la Cineteca, continuaron y aún se incrementaron las presentaciones de libros y revistas, además de que la galería no dejó en ningún momento de funcionar. Entre las cintas importantes que se estrenaron: París/Texas de Win Wenders, Napoleón de Abel Gance, La noche de Varennes de Ettore Scola, además de las películas emblemáticas del entonces nuevo cine mexicano: Amor a la vuelta de la esquina de Alberto Cortés y Crónica de familia de Diego López. En la plástica destacan las exposiciones de Vicente Rojo y de José García Ocejo. Ruiz Granados organizó asimismo actividades de recreación y cultura para los niños, cristalizadas en la Ciudad de los Niños

José Homero relevó a Fernando Ruiz Granados, con una dirección limitada, ya que no poseía facultades administrativas pues controlaba el aspecto financiero una contadora que finalmente conseguiría ser directora del espacio, ya en su etapa de total deterioro. Tal decisión de limitar responsabilidades trajo consecuencias: en tanto la renta de espacios, las decisiones con respecto a restauración y mantenimiento, no atañían a José Homero. De ahí la falta de recursos para impedir que la decadencia física continuara.

Espíritu ecuménico

Noticia en la portada de El Sol Veracruzano anunciando la designación de José Homero

Noticia en la portada de El Sol Veracruzano anunciando la designación de José Homero

José Homero fue director de octubre de 1987 a febrero de 1988 cuando renunció debido a la falta de un presupuesto y a las cortapisas con respecto al programa por él desarrollado. Asumió la dirección a invitación de Sergio Dorantes Guzmán, entonces colaborador de El Sol Veracruzano, donde Homero, a instancias de Sergio González Levet, dirigía un suplemento de cultura: Graffiti. Con el apoyo de un grupo de jóvenes que no recibían remuneración alguna pero que se mantuvieron cercanos a esa nueva dirección, entre los que recordamos a Ricardo Perry, Rafael Antúnez, Víctor Hugo Vázquez y Gerardo Ventura, además del acercamiento y la presencia de artistas como Carlos Torralba, Alberto Morales, Adolfotógrafo, Miguel Fematt, se buscó que El Agora fuera una suerte de Casa del Lago, con el espíritu ecuménico de la Generación del Medio Siglo. Se consideraba una excelente oportunidad para efectuar una transformación en la concepción de la literatura y de la promoción cultural. Juan Vicente Melo fue una presencia constante, con charlas y asesorando actividades. En el breve lapso durante el que Homero fungió como director se creó un programa de lecturas literarias, De Viva Voz, donde se presentaba a un autor maduro, a un autor joven y se leían fragmentos de un autor traducido. Escritores participantes: Juan Vicente Melo, Severino Salazar, Isabel Quiñónez, Luis Arturo Ramos, Silvia Tomasa Rivera, Jaime Reyes, Ángel José Fernández, Silvia Sigüenza, Lorenzo León, Roberto Bravo, Octavio Reyes, Guillermo Villar, Adriana Menassé, José Camacho Salvá, Irving Ramírez, Carlomagno Sol, además de los ya mencionados Perry, Ventura, Antúnez y Vázquez, y muchos más, ya que el programa incluyó a todos los autores y grupos existentes. El cineclub no se interrumpió al punto que se comenzaron entonces los primeros acercamientos con la Cineteca Nacional para efectuar una muestra de la Muestra. Entre los artistas que expusieron se cuenta la primera exposición individual de Carlos Torralba, una colectiva sobre la muerte con artistas mexicanos y polacos, coordinada por Adolfotógrafo, con artistas tan importantes como Yolanda Andrade, el propio Adolfotógrafo, Armando Cristeto y artistas de Estados Unidos y Polonia, además de una muestra retrospectiva de Alejandro Romero. 1987 también fue un año señalado y recordado porque Alberto Morales, mejor conocido como El Gato, realizó la primera exposición considerada posmoderna, en una suerte de instalación que abarcó toda la galería de El Agora, con la realización de las obras en directo bajo la luz de unas velas. Miguel Fematt saludó entusiastamente esta exposición.

Finalmente, el acto más importante fue un Homenaje Nacional a Juan Vicente Melo. Asistieron escritores tan importantes como Carlos Monsiváis y Tomás Segovia, quien también ofreció una lectura de su poesía. Con ellos: Alberto Paredes, Andrés González Pagés, Jorge de la Luz, Alejandro Toledo y Francisco Guzmán Burgos, entre otros, además de prestigiosos escritores asentados en la localidad como Luis Arturo Ramos, Marco Tulio Aguilera Garramuño, Guillermo Villar, Octavio Reyes, entre muchos más. Y por supuesto la presencia de Juan Vicente Melo. La memoria de ese encuentro está documentado en el número 64 del suplemento Graffiti; buena fuente respecto a las actividades desarrolladas durante la gestión de Homero.

Como se ve y como podría documentarse, de 1986 a 1988, el periodo que se define como sin actividades, existieron dos directores: Ruiz Granados y José Homero. Este último, a pesar de sólo laborar cinco meses mantuvo el espíritu ecuménico de El Agora, en teatro presentó a Susana Alexander y una breve temporada de Un halo de esplendor, espectáculo de Carlos Converso, además de abrirlo a otras manifestaciones como el rock, en especial a los ejecutantes locales, como Yerblues y Leoncorpión, y la música afroantillana –se presentó el primer disco de Combo Ninguno–, al tiempo que las actividades tanto literarias como artísticas buscaban un rigor cercano al manifiesto en ciudades como México. Sin soslayar nunca los vínculos con la Universidad Veracruzana, el ISSTE o la SEP.

Historia pendiente

Una de las tareas primordiales de Alejandro Mariano Pérez será emprender la necesaria memoria de El Agora, con imparcialidad evitando el protagonismo y el revisionismo. Y es tarea primordial porque Mariano, además de actual director y responsable de la Galería Veracruzana que funciona en el World Trade Center, posee un prestigio como gestor cultural que lo ha convertido en el abanderado de las historias culturales de Veracruz. Sería terrible ejemplo que no pudiera contar con un registro histórico del espacio que administra. El documental que se exhibió durante la ceremonia de la celebración de los Treinta Años carece por cierto de rigor. Fue apresurado y no hay una línea cronológica. No se entrevistó ni a Fernando Ruiz Granados ni a José Homero, quienes hubieran aportado su visión. Queremos creer que el descuido fue consecuencia tan sólo del apresuramiento –se elaboró en menos de quince días– y no a un acto de censura.

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PROMOCION AVASALLADORAPARA LA CULTURA

Su diversidad plástica

Patio Central de la Galería de Arte Contemporáneo, viernes 6 de julio de 2007. 20: 30 hrs.
Esta fotografía del primer acto presidido por el licenciado Sergio Villasana, nuevo director del IVEC, muestra fehacientemente la gran promoción que se dio a la inauguración de la exposición
El Sureste: su diversidad plástica. En cambio sirvió para mostrar el sentido de la oportunidad de ciertos miembros de la comunidad artística y cultural de Xalapa —curiosamente los que en las últimas cuatro administraciones, incluidas las de Esther, han disfrutado de prebendas y un respeto que sus obras no respalda—, quienes ni tardo ni perezosos hicieron cola, roncha y fila para esperar su turno de platicar con Villasana, con el cual se reunieron para intercambiar impresiones en “conocido restaurante”, como revela la oportuna nota del Diario de Xalapa . De los poco más de veinte espectadores —descontando empleados— la mitad eran intelectuales de reconocido prestigio esperando presentar sus respetos al licenciado.
Martes 17 de julio es el gran día en que podrán leer la segunda parte de La sucesión en el IVEC. Mientras deleítense con estas bellas imágenes: la primera tomada en exclusiva para Performance por nuestro querido amigo y la segunda publicada en el mencionado Diario.

ANDERSON Y BARCLAY EN EL BARCO

[Esta imagen fue publicada en Diario de Xalapa, crédito Luisa Dorbecker]