La SAGA de la desaparición del IVEC

 

El doctor Félix Báez Jorge durante la canonización de Rafael Guizar y Valencia, 2006.

El lunes 24 de enero una noticia estremeció al cerrado pero tornadizo mundo de la cultura: a las redacciones de varios periódicos y portales de noticias habría llegado una carta, firmada por Eduardo Sansores, el popular Güero, personaje de la vida cultural jarocha, denunciando que Félix Báez-Jorge, director del Instituto Veracruzano de la Cultura, IVEC, se proponía desmantelar la institución además de tomar medidas injustas y arbitrarias. Ignoro si por huera propensión al chisme o por convenir a los intereses inconfesables, varios medios intitularon el boletín –ninguno consigna la carta, pore so digo “habría llegado una carta”, y todos repiten o transcriben idéntico texto, lo cual resulta curioso por decir lo menos y por ello presumo la existencia de un boletín– con titulares llamativos: Los Políticos, un blog a cargo de Salvador Muñoz, y Veracruz Informa eligieron el incendiario: “Félix Báez, un peligro para la cultura: Sansores”; con el mismo título la nota apareció en el portal de Hechos. Es probable que tal fuera el título del boletín y que los periodistas se limitaran a transcribir. En una entrada previa de El Diletonto comentamos con detalle la noticia en Notiver.
Las acusaciones de Sansores
¿Qué es lo que ha motivado esa alarma que Sansores expresa en el boletín? A reserva de conocer la carta en detalle y no sólo en el resumen difundido,las acusaciones denuncian varias acciones que inconformaron a ciertos creadores del Puerto –no consigno sus nombres porque no sé a quiénes representa Sansores, ni si habla en nombre propio o ha sido designado vocero de una comunidad: el boletín no lo deslinda. He aquí los puntos:
“los trabajadores desaprueban la desaparición de la subdirección de Promoción y Animación Cultural, ya que consideran que es el inicio del desmantelamiento del IVEC”.
“presentó [al gobernador Javier Duarte] un programa de reestructuración del IVEC que contempla la transferencia de la referida subdirección a la Secretaría de Turismo y Cultura”.
La Fototeca Juan Malpica Mimendi y la Casa de la Cultura Agustín Lara han sido clausuradas [sic].
“los artistas o ciudadanos no pueden acceder [a las oficinas del IVEC], violando el derecho de audiencia”.
Se despidió a “Yesica Martínez, quien era subdirectora Administrativa […] porque atendió a una persona que requería orientación para un trámite”.

[Todas las citas corresponden al boletín mencionado]

Los argumentos posteriormente fueron reproducidos por columnistas quienes anunciaron, sin comprobar las aseveraciones ni las denuncias expuestas, que Báez-Jorge se proponía desmantelar el IVEC. Si la floración de reportes de balaceras en diversos puntos de la ciudad de Xalapa el viernes 14 de enero motivó artículos sarcásticos ante la ausencia de pruebas, no me explico por qué estas columnas, quienes no han presentado sus pruebas, no han merecido reprobación semejante.
Desaparición cíclica
El tema del desmantelamiento del IVEC es cíclico. Cada comienzo de sexenio, una vez designado un nuevo director, en las tertulias se propala la noticia de un inminente desmantelamiento del IVEC o bien a la sujeción de la Secretaría de Turismo y Cultura. Así ocurrió cuando el CONARTE, trasunto de la fundación cultural Caftán Rojo A. C. promovió una iniciativa de ley cuyos objetivos, en palabras del vocero y principal promotor, Ramón Acebo, eran la desaparición del IVEC (“El gobernador pide desaparecer el IVEC”, La Jornada, 21 de enero de 2006). Conforme a la información difundida esta ley se elaboró durante 2005; es decir a menos de un año de que Fidel Herrera Beltrán detentara la gubernatura. La Agencia AVC Noticias habría sido el venero de esa información; Acebo expresaba:

El Consejo Veracruzano para la Cultura y las Artes —de crearse— se ajustaría a la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo que transformó a la Secretaría de Educación y Cultura (SEC) en Secretaría de Educación y que permitió que se absorbiera el área cultural por la Secretaría de Turismo y Cultura.

El chismoso, perdón, el curioso lector interesado en desmenuzar los pormenores puede consultar mi columna: “Cómo acabar de unaves con la cultura” (Performance num. 19, 4 de abril de 2006); en línea en: El Diletonto). La coincidencia de los principales lineamientos de la Iniciativa con una de las acciones principales de la reingeniería gubernamental propuesta por Herrera, la desaparición del Instituto Veracruzano de Cultura y la absorción de sus funciones por la Secretaría de Educación y por la Secretaría de Turismo, fue entonces lo que causó tal encono y oposición a la Iniciativa de Ley propuesta por el diputado Atanasio García Durán.
Sin embargo, cuando Dalia Pérez Escobar prometio durante su campaña para lograr la diputación una Ley de Cultura, pocos previmos que el resultado terminaría respaldando esa Ley Orgánica del Poder Ejecutivo que había asentado como supremo árbitro de la cultura al gobernador y su manejo a la Secretaría de Turismo y Cultura. Nuevamente remito a los curiosos a consultar mis columnas al respecto.
Sujeto a la Secretaría
A lo largo de esta novela por entregas o saga tragicómica, resulta evidente que la desaparición del IVEC está asentada en los lineamientos de la ley que instauró la creación de la Secretaría. El Diletonto ha reiterado, a lo largo de más de cuatro años, que los lineamientos del sexenio de Herrera Beltrán fueron desaparecer el IVEC, crear un megaconsejo con los jerarcas de la cultura, la educación y la política, y uniformar la cultura con el propósito soterrado o visible, de corporativizar la cultura. Esta interpretación se basa en que la desaparición del IVEC y la creación de un consejo se asienta en el decreto para instituir la Secretaría de Turismo y Cultura (Ley 523 de Turismo para el Estado de Veracruz de Ignacio de La Llave), la cual se publicó el 13 de enero de 2006 en La Gaceta Oficial.
Cabe preguntarse, ¿realmente Félix Báez-Jorge planea desaparecer el IVEC o es la secretaria de Turismo, Cultura y Cinematografía quien se propone incorporar a las funciones de su secretaría las atribuciones anteriormente reservadas al IVEC? Para muestra basta que el IVEC ha dejado de ser el responsable de la coordinación de festividades populares, como la Fiesta de la Candelaria; es la Secretaría quien se ocupará de coordinar estas fiestas.
Esta confrontación apenas empieza y sin duda sera nuevamente la gran saga del sexenio.

Anuncios

El GABINETE del doctor DUARTE

 

Con la ratificación del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) de la elección como gobernador de Veracruz para el ciclo 2012-2018 del doctor Javier Duarte de Ochoa comienza una nueva etapa para Veracruz. En el ámbito cultural, término donde enunciamos a los trabajadores de la cultura, a los funcionarios, los creadores, los gestores y los que siendo estudiantes o espectadores participan de la cultura y las artes, quienes se asumen como creadores protagonistas o funcionarios de élite alimentan aún más sus esperanzas. No se habían movido porque no se sabía si la elección era válida. El espectro de la anulación permeó sobre la elección de julio todo este lapso. Priistas fieles, servidores y empleados del propio Duarte de Ochoa manifestaban sus dudas y temían que una eventual anulación cancelara sus esperanzas. Finalmente el martes 26 de octubre Duarte de Ochoa pudo dormir tranquilo.

La Operación Jarocha

No es lo mismo despertar siendo Javier Duarte de Ochoa y dormirse siendo el señor gobernador. La metamorfosis a la jarocha ha ocasionado en estos días que los rumores se incrementen en torno a la composición del inminente gabinete. Personas bien informadas aseguran que Leticia Perlasca, quien desempeñó una gran labor como directora del Colegio de Bachilleres del Estado de Veracruz, será la secretaria de Turismo y Cultura, lo que se antoja una decisión correcta y halagueña para el futuro de esta dependencia de tan gris memoria en el actual sexenio. Sencillamente Álvaro Peña fue un gris secretario sin ningún interés en el área de cultura y con escasa visión turística. Perlasca, por su manera de trabajar, puede dar nuevos bríos a una secretaría tan discutida.

En la conformación de los gabinetes no quedan siempre los que persiguen ni por supuesto tampoco se logra lo que se espera sino lo que se encuentra. Dalia Pérez, quien trabajó en la Comisión de Turismo de la Legislatura, esperaba ser designada como titular de la secretaria correspondiente, mientras que Perlasca aspiraba a suceder al doctor Arredondo en la Secretaría de Educación. En Educación, todos lo sabemos, va el famoso Motita, ídolo de todo joven priista que aspira a seguir los pasos del inminente secretario. Perlasca se quedará en Turismo mientras que Dalia espera la designación como suprema dirigente de la cultura en Veracruz. El Instituto Veracruzano de Cultura parece el destino lógico para quien movió los hilos en Xalapa para Javier Duarte de Ochoa.

Una Dalia para la Cultura

No parece augurar sorpresas la designación de Dalia; a tal punto que ya ha comenzado a reunir a sus allegados en preparación para asumir el poder cultural. Conforman su grupo mayoritariamente gestores culturales que se han desempeñado como funcionarios de galerías y que de una u otra forma esperan continuar sirviendo al estado. O mamando del presupuesto, usted diga cuál. Otros nombres que se enuncian son Juan Antonio Nemi Dib, quien sería también un buen director de cultura, ya que al frente del Instituto de la Policía Auxiliar fue un notable líder y un hombre sensible que transformó esa gris dependencia y editó libros y organizó concursos. Sergio Villasana Delfín quiere repetir y más que él sus administradores y mujeres muy cercanas a él en la intimidad quienes piensan, una sobre todo, heredarán el poder para seguir disponiendo del presupuesto a su antojo, como ha sido el rubro en este último año. Lo que Don Sergio no sabe es que muchos de sus propios funcionarios y directores de área conspiran contra él porque no aguantan las ínfulas de quien se asume su heredera ni mucho menos las tropelías de los administradores y el caos en que la institución opera. Difícilmente repetirá Villasana porque sus propios agremiados no lo quieren.

Queda sin embargo una pregunta: si Dalia Pérez asume la dirección, dada su cercanía con Don Sergio, quien es su mentor político, ¿protegerá a los administradores actuales? Si es así, cabe esperar que el IVEC continúe sin dinero y con escasa presencia. Esperamos que la inteligencia y voluntad que ha distinguido a Dalia en todas sus actividades se manifieste asumiendo que no puede heredar culpas ni continuar con debacles. Leticia Perlasca hizo un gran trabajo en el IVEC, lo saneó y lo dejó en bonanza. Todo lo contrario de lo que sucede con el IVEC.

CULTOS de DUARTE

Con Duarte la cultura está de pedo

 

Los rituales ordenan nuestras existencias. Conformamos nuestros actos y regimos nuestros días mediante calendarios en los que destacan, símbolos resplandecientes, lo soles de las fiestas, las lunas de la memoria y la celebración. Un ritual, más esporádico y fugitivo de los registros, pero de igual modo cíclico y pactado, es la reunión del candidato a gobernador, de filiación priista, con la denominada clase intelectual. En una entrega anterior razoné ya la connotación del término intelectual y cómo tal denominación es incompatible con el actuar de nuestros profesores, académicos, artistas, periodistas, escritores, promotores, funcionarios y demás oficios que en nuestros días y en Veracruz, se comprenden como “intelectuales”. Intelectual es un concepto que define a quien interviene en la vida pública analizando los actos públicos en razón del interés público. El intelectual se manifiesta: se convierte en un personaje, en una figura evidente, cuya política se ejerce a través de la razón.
En Veracruz las actividades culturales giran en torno al presupuesto y a la programación, que no programa, de las instituciones. Lo cual no deja de ser curioso porque esas muchas manifestaciones culturales, esa exuberancia de creatividad, de artistas y de tradiciones de la que se vanaglorian los políticos y que presumen como bastión para convertir a Xalapa en “capital mundial de la cultura” (Duarte dixit) en su mayoría corresponden a artistas y empresarios independientes, cuando no al pueblo. Xalapa es una ciudad de artistas y empresas libres que sobreviven precariamente y que requieren del apoyo mas no depender de los programas de gobierno o el subsidio universitario. Por ello resulta un misterio que sean justamente estos creadores independientes quienes con entusiasmo asisten a las convocatorias de los políticos. ¿Ambición o ingenuidad?
Acaso por la precariedad del medio, por el hartazgo de enfrentarse a la escasa o nula respuesta del culto público xalapeño y de la región, a la sempiterna miseria que obliga a marchantear el costo de entrada a espectáculos no subsidiados, a la falta de espacios adecuados y a la indiferencia de empresarios y ricos de la ciudad, mezquinos y timoratos, los trabajadores de la cultura se congregan, cada sexenio, en torno al ungido. Palomillas atraídas por la luz. Como no hay política cultural hay culturosos haciéndole a la política.
Una reunión íntima con quinientas personas
El PRI inventó el corporativismo para que mediante una central: obrera, campesina, popular, las clases sociales fueran concentradas, dirigidas, coptadas; en la era de la internet, se requieren organizaciones atomizadas, no nucleares que difuminen las ideas corporativas. El doctor Javier Duarte, a través de una de las tantas y muchísimas organizaciones que soliviantan y contribuyen a su candidatura, convocó el 24 de junio a una reunión informal con los trabajadores de la cultura. Los convocantes fueron diversos como variopintos los mensajeros y ujieres del reino, aunque el crédito final correspondió a la emergente y hasta el momento, insólita por su falta de corporeidad –razón de ser, propósitos, objetivos: FUNDARTE. ¿Flor de un día o una de esas redes parapartidistas creadas a iniciativa de los asesores de JD? En facebook hay muchísimas y su propósito es difundir la ideología duartista de manera subrepticia. Para quien aún no lo sabe hasta FielBook tenemos.
Después de la multitudinaria pero infructuosa reunión en el Teatro del Estado el sábado 25 de marzo, cuando un grupo de instituciones concitó el acarreo de mil quinientos asistentes –la mayoría, estudiantes, ahora basta con leer un libro de texto o para el caso unos apuntes, para ser considerado intelectual, en el país de los analfabetas el que lee TvNotas es rey–, los cuales se aburrieron y aprovecharon para dormir, según se desprende de las fotografías de Al Calor Político, los asesores y estrategas de Javier Duarte razonaron que era necesario otro encuentro. Admitiendo que la reunión promovida por el doctor Víctor Arredondo y por Francisco Rangel, directivos de la Secretaría de Educación de Veracruz y del Sistema de Tecnológicos había sido todo menos una reunión con la gente importante de la cultura –por ahí se dejaron ver apenas una docena de notables: Abraham Oceransky, Francisco Lozano, Antonio Tornero, no recuerdo a más— propusieron un nuevo acercamiento. Aprovechando el parentesco del candidato a gobernador con Jorge Duarte, destacado galerista en la Pinacoteca Diego Rivera gratamente apreciado en los círculos culturales, se pensó ofrecer una cena privada. El doctor Duarte recibiría en su casa a no más de treinta invitados. Al calor de la charla y de la hospitalidad conocería de primera mano las vivencias y necesidades de la comunidad cultural. De hecho, su esposa Karime Macías ha mostrado desde antaño inquietudes literarias. Desde esta perspectiva la reunión parecía prometedora, ya que una de las peticiones de la comunidad cultural es que los políticos conozcan y comprendan cuáles son sus necesidades y peticiones, más allá del sistema tan criticado de becas y de la promesa de construir teatros o museos. A veces los políticos malinterpre-tan las necesidades de una comunidad porque son muy distintas las exigencias de un artista “renombrado” y acostumbrado a los tratos palaciegos, a la cortesanía, que las de un artista que debe ganarse la vida mediante su trabajo.

Noche de alfombra roja


La pequeña reunión se convirtió en una especie de noche de alfombra roja. Nomás llegar al Salón Gal advertía uno el montaje. Multitudes ataviadas de rojo merodeaban el acceso. Cámaras de televisión, reporteros, periodis-tas, políticos con aspiraciones, oportunistas. Y para acceder, nadie reparaba ni te exigía invitación o nombre, lo cual era suficiente para provocar suspicacia. Se dice que incluso te convidaban a llevar a tu familia o a invitar como acompañante a quien quisieras. Lo importante es el derroche.
El motivo para el libre acceso fue que nuevamente el anunciado encuentro entre Duarte y los intelectuales se decantó por la muchedumbre. Y como la masa impide el encuentro, a cambio del intercambio de perspectivas, se derrochó alcohol en abundancia, el salón se convirtió en archipiélago de islotes de poder, y abundaron los asistentes pero escasearon nuevamente los artistas representativos. Aunque para qué necesitamos artistas si tenemos periodistas. Funcionarios de las instituciones educativas y culturales. Muy pocos de la Universidad Veracruzana, curiosamente. Muchísimo gestor o aspirante a gestor –ahora los artistas se venden al mejor gestor–. Pocos, muy pocos notables, los mismos que han venido asistiendo a los encuentros con Elizabeth Morales, los mismos que serán señalados como protagonistas del fidelato. Esos que persiguen ser directores del IVEC, regidores de cultura con Eliza-beth… Un artista plástico, visiblemente disgustado, comentó: “Esta es la misma mierda de cada seis años. De haberlo sabido, no vengo”. Y sí, cada seis años los trabajadores de la cultura saben que pueden beber gratis y atiborrarse de bocadillos, como cualquier estudiante de artes en inauguración plástica, mientras como hilo musical suena un sonsonete con promesas. Como anécdota: cuando el doctor prometía los aplausos estallaban, pero únicamente de un lado. El ala derecha estaba ocupada en su mayoría por desconocidos aunque también departían artistas como Per Anderson, Gerardo Vargas; escritores como Magali Velasco, César Silva y Jaime G. Velázquez; personalidades de la cultura local como Celia Álvarez o Rebeca Bouchez. Entre más desconocidos con mayor vehemencia aplaudían. En el centro, donde se ubicaban los intelectuales más conocidos –que no reconocidos– los aplausos eran tibios. Como si con tal laconismo pudieran ocultar que estaban ahí por su propio arbitrio y no obligados. No hay vergüenza peor que la que se quiere ocultar.

Te propongo

 

Fué un encuentro fallido. Duarte no conoció las propuestas, excepto las acordadas y peticiones de previamente por quienes habían realizado el encuentro –políticos que están buscando ya una cartera en el nuevo gabinete o gestores que desean incrustarse en el presupuesto. Recibió, en la mejor costumbre del fidelato, carpetitas con los proyectos quienes siguen considerando la dádiva expresión natural de la política cultural. Como en una noche de gala en Hollywood hubo conductores quienes saludaron a los asistentes y diversos números dancísticos. Al final, tras cerca de dos horas de espera, el doctor arribó en medio de una nube conformada por los medios de comuni-cación. Como en la ocasión anterior, brindó un discurso. Prometió ya no un teatro sino establecer un sistema de estímulos, desdeñando y soslayando que ya existe uno, ineficiente pero sujeto al arbitrio federal, lo cual es garantía democrática. Un sistema de becas regido y controlado por el todopoderoso y por sus acólitos sí da miedo. Prometió “empleo y ocupación”. Tampoco dijo cómo. Una sugerencia: podrían comenzar pagando emolumentos por tareas honrosas pero sin honorarios: conferencias, presentaciones de libros, diseños, correcciones, asesorías, lecturas, talleres.
Si de verdad le interesa a Javier Duarte tanto la cultura no se explica por qué los medios que asistieron fueron políticos y por qué la publicidad que se pagó fue en medios políticos y no en publicaciones culturales. No es que no haya es que no quieren voltear a verlas.
Ni siquiera el convivio prometido entre Duarte y los trabajadores de la cultura se cumplió. Al terminar su discurso el candidato se marchó alegando una apretada agenda. Pese a la aún abundante oferta de alcohol, los asistentes, demostrando que sólo son atraídos por el fulgor del candidato, se marcharon en su mayoría. Poco importó que aún no tocaran Los Cojolites ni la Negra Graciana. Ya se había visto, tocado, al ungido y nada quedaba de interés. Ni modo, a esperar otros seis años para que la comunidad reciba a cambio de su presencia alcohol y bocadillos. Pero no hay peor sordo que el que no quiere ver.