CULTOS de DUARTE

Con Duarte la cultura está de pedo

 

Los rituales ordenan nuestras existencias. Conformamos nuestros actos y regimos nuestros días mediante calendarios en los que destacan, símbolos resplandecientes, lo soles de las fiestas, las lunas de la memoria y la celebración. Un ritual, más esporádico y fugitivo de los registros, pero de igual modo cíclico y pactado, es la reunión del candidato a gobernador, de filiación priista, con la denominada clase intelectual. En una entrega anterior razoné ya la connotación del término intelectual y cómo tal denominación es incompatible con el actuar de nuestros profesores, académicos, artistas, periodistas, escritores, promotores, funcionarios y demás oficios que en nuestros días y en Veracruz, se comprenden como “intelectuales”. Intelectual es un concepto que define a quien interviene en la vida pública analizando los actos públicos en razón del interés público. El intelectual se manifiesta: se convierte en un personaje, en una figura evidente, cuya política se ejerce a través de la razón.
En Veracruz las actividades culturales giran en torno al presupuesto y a la programación, que no programa, de las instituciones. Lo cual no deja de ser curioso porque esas muchas manifestaciones culturales, esa exuberancia de creatividad, de artistas y de tradiciones de la que se vanaglorian los políticos y que presumen como bastión para convertir a Xalapa en “capital mundial de la cultura” (Duarte dixit) en su mayoría corresponden a artistas y empresarios independientes, cuando no al pueblo. Xalapa es una ciudad de artistas y empresas libres que sobreviven precariamente y que requieren del apoyo mas no depender de los programas de gobierno o el subsidio universitario. Por ello resulta un misterio que sean justamente estos creadores independientes quienes con entusiasmo asisten a las convocatorias de los políticos. ¿Ambición o ingenuidad?
Acaso por la precariedad del medio, por el hartazgo de enfrentarse a la escasa o nula respuesta del culto público xalapeño y de la región, a la sempiterna miseria que obliga a marchantear el costo de entrada a espectáculos no subsidiados, a la falta de espacios adecuados y a la indiferencia de empresarios y ricos de la ciudad, mezquinos y timoratos, los trabajadores de la cultura se congregan, cada sexenio, en torno al ungido. Palomillas atraídas por la luz. Como no hay política cultural hay culturosos haciéndole a la política.
Una reunión íntima con quinientas personas
El PRI inventó el corporativismo para que mediante una central: obrera, campesina, popular, las clases sociales fueran concentradas, dirigidas, coptadas; en la era de la internet, se requieren organizaciones atomizadas, no nucleares que difuminen las ideas corporativas. El doctor Javier Duarte, a través de una de las tantas y muchísimas organizaciones que soliviantan y contribuyen a su candidatura, convocó el 24 de junio a una reunión informal con los trabajadores de la cultura. Los convocantes fueron diversos como variopintos los mensajeros y ujieres del reino, aunque el crédito final correspondió a la emergente y hasta el momento, insólita por su falta de corporeidad –razón de ser, propósitos, objetivos: FUNDARTE. ¿Flor de un día o una de esas redes parapartidistas creadas a iniciativa de los asesores de JD? En facebook hay muchísimas y su propósito es difundir la ideología duartista de manera subrepticia. Para quien aún no lo sabe hasta FielBook tenemos.
Después de la multitudinaria pero infructuosa reunión en el Teatro del Estado el sábado 25 de marzo, cuando un grupo de instituciones concitó el acarreo de mil quinientos asistentes –la mayoría, estudiantes, ahora basta con leer un libro de texto o para el caso unos apuntes, para ser considerado intelectual, en el país de los analfabetas el que lee TvNotas es rey–, los cuales se aburrieron y aprovecharon para dormir, según se desprende de las fotografías de Al Calor Político, los asesores y estrategas de Javier Duarte razonaron que era necesario otro encuentro. Admitiendo que la reunión promovida por el doctor Víctor Arredondo y por Francisco Rangel, directivos de la Secretaría de Educación de Veracruz y del Sistema de Tecnológicos había sido todo menos una reunión con la gente importante de la cultura –por ahí se dejaron ver apenas una docena de notables: Abraham Oceransky, Francisco Lozano, Antonio Tornero, no recuerdo a más— propusieron un nuevo acercamiento. Aprovechando el parentesco del candidato a gobernador con Jorge Duarte, destacado galerista en la Pinacoteca Diego Rivera gratamente apreciado en los círculos culturales, se pensó ofrecer una cena privada. El doctor Duarte recibiría en su casa a no más de treinta invitados. Al calor de la charla y de la hospitalidad conocería de primera mano las vivencias y necesidades de la comunidad cultural. De hecho, su esposa Karime Macías ha mostrado desde antaño inquietudes literarias. Desde esta perspectiva la reunión parecía prometedora, ya que una de las peticiones de la comunidad cultural es que los políticos conozcan y comprendan cuáles son sus necesidades y peticiones, más allá del sistema tan criticado de becas y de la promesa de construir teatros o museos. A veces los políticos malinterpre-tan las necesidades de una comunidad porque son muy distintas las exigencias de un artista “renombrado” y acostumbrado a los tratos palaciegos, a la cortesanía, que las de un artista que debe ganarse la vida mediante su trabajo.

Noche de alfombra roja


La pequeña reunión se convirtió en una especie de noche de alfombra roja. Nomás llegar al Salón Gal advertía uno el montaje. Multitudes ataviadas de rojo merodeaban el acceso. Cámaras de televisión, reporteros, periodis-tas, políticos con aspiraciones, oportunistas. Y para acceder, nadie reparaba ni te exigía invitación o nombre, lo cual era suficiente para provocar suspicacia. Se dice que incluso te convidaban a llevar a tu familia o a invitar como acompañante a quien quisieras. Lo importante es el derroche.
El motivo para el libre acceso fue que nuevamente el anunciado encuentro entre Duarte y los intelectuales se decantó por la muchedumbre. Y como la masa impide el encuentro, a cambio del intercambio de perspectivas, se derrochó alcohol en abundancia, el salón se convirtió en archipiélago de islotes de poder, y abundaron los asistentes pero escasearon nuevamente los artistas representativos. Aunque para qué necesitamos artistas si tenemos periodistas. Funcionarios de las instituciones educativas y culturales. Muy pocos de la Universidad Veracruzana, curiosamente. Muchísimo gestor o aspirante a gestor –ahora los artistas se venden al mejor gestor–. Pocos, muy pocos notables, los mismos que han venido asistiendo a los encuentros con Elizabeth Morales, los mismos que serán señalados como protagonistas del fidelato. Esos que persiguen ser directores del IVEC, regidores de cultura con Eliza-beth… Un artista plástico, visiblemente disgustado, comentó: “Esta es la misma mierda de cada seis años. De haberlo sabido, no vengo”. Y sí, cada seis años los trabajadores de la cultura saben que pueden beber gratis y atiborrarse de bocadillos, como cualquier estudiante de artes en inauguración plástica, mientras como hilo musical suena un sonsonete con promesas. Como anécdota: cuando el doctor prometía los aplausos estallaban, pero únicamente de un lado. El ala derecha estaba ocupada en su mayoría por desconocidos aunque también departían artistas como Per Anderson, Gerardo Vargas; escritores como Magali Velasco, César Silva y Jaime G. Velázquez; personalidades de la cultura local como Celia Álvarez o Rebeca Bouchez. Entre más desconocidos con mayor vehemencia aplaudían. En el centro, donde se ubicaban los intelectuales más conocidos –que no reconocidos– los aplausos eran tibios. Como si con tal laconismo pudieran ocultar que estaban ahí por su propio arbitrio y no obligados. No hay vergüenza peor que la que se quiere ocultar.

Te propongo

 

Fué un encuentro fallido. Duarte no conoció las propuestas, excepto las acordadas y peticiones de previamente por quienes habían realizado el encuentro –políticos que están buscando ya una cartera en el nuevo gabinete o gestores que desean incrustarse en el presupuesto. Recibió, en la mejor costumbre del fidelato, carpetitas con los proyectos quienes siguen considerando la dádiva expresión natural de la política cultural. Como en una noche de gala en Hollywood hubo conductores quienes saludaron a los asistentes y diversos números dancísticos. Al final, tras cerca de dos horas de espera, el doctor arribó en medio de una nube conformada por los medios de comuni-cación. Como en la ocasión anterior, brindó un discurso. Prometió ya no un teatro sino establecer un sistema de estímulos, desdeñando y soslayando que ya existe uno, ineficiente pero sujeto al arbitrio federal, lo cual es garantía democrática. Un sistema de becas regido y controlado por el todopoderoso y por sus acólitos sí da miedo. Prometió “empleo y ocupación”. Tampoco dijo cómo. Una sugerencia: podrían comenzar pagando emolumentos por tareas honrosas pero sin honorarios: conferencias, presentaciones de libros, diseños, correcciones, asesorías, lecturas, talleres.
Si de verdad le interesa a Javier Duarte tanto la cultura no se explica por qué los medios que asistieron fueron políticos y por qué la publicidad que se pagó fue en medios políticos y no en publicaciones culturales. No es que no haya es que no quieren voltear a verlas.
Ni siquiera el convivio prometido entre Duarte y los trabajadores de la cultura se cumplió. Al terminar su discurso el candidato se marchó alegando una apretada agenda. Pese a la aún abundante oferta de alcohol, los asistentes, demostrando que sólo son atraídos por el fulgor del candidato, se marcharon en su mayoría. Poco importó que aún no tocaran Los Cojolites ni la Negra Graciana. Ya se había visto, tocado, al ungido y nada quedaba de interés. Ni modo, a esperar otros seis años para que la comunidad reciba a cambio de su presencia alcohol y bocadillos. Pero no hay peor sordo que el que no quiere ver.

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FOROS de CULTURA: Los nuevos CAMPESINOS

En el número de quinto aniversario de Performance aparece una columna de El Diletonto comentando el reciente Foro Veracruz y la Cultura, convocado por varias instituciones para congregar diversos estudiantes, maestros, profesores, académicos e incluso artistas, con el doctor Javier Duarte.

Los intelectuales son los campesinos de la edad digital. Antaño, los candidatos a un puesto de elección popular visitaban a los agricultores y habitantes del campo para escuchar sus vivencias y problemas, la cual, entonces como hoy, resulta atávica. Como igual de atávica resulta la situación de la cultura y las experiencias y más que vivencias, dolencias de sus creadores. No importa el candidato, la filiación partidista e ideológica, el político convoca a los creadores e intelectuales para investir su campaña de altruismo, para prometer y finalmente para cumplir con su agenda de escuchar, congregar y adoctrinar a la ciudadanía entera. Si se encuentra con taxistas y con líderes de colonias, ¿por qué no habría de reunirse con los así llamados intelectuales? Además, son gratis, no acuden por tortas sino para sentirse importantes. Perros mansos que se contentan con una carantoña.
El término “Intelectual” no definía al trabajador de las ideas, mucho menos a quien se limita a trasmitir el saber o a oficiar de funcionario de cultura –ahora les quieren llamar gestores–, sino a quienes participan con sus análisis y posiciones en la vida pública. Son quienes, al modo de Voltaire y su idea del “pequeño filósofo”, confrontan a su época y sociedad interviniendo en el debate social. Metiches, que opinan y hablan de lo que no les llaman.
Justamente porque el papel del intelectual es intervenir desde la tribuna, comúnmente los periódicos, pero también los medios de comunicación de imagen, y ejercer la crítica, discutir y muchas veces, si no siempre, disentir de la opinión del gobierno y de las clases conservadoras, Xalapa carece de líderes intelectuales. Cierto, hay, han habido, grandes escritores, importantes eruditos, notables académicos, algunas de fama mundial, pero no suelen disentir ni oponerse al prestigio del rey. Sujeta a la burocracia, dependiente del dinero de las arcas estatales, en esta ciudad en cambio abundan los gestores, perdón, los funcionarios de cultura, los que administran y sí viven del escaso recurso que se aplica para la cultura, y los artistas y creadores palaciegos. Podrá no haber presupuesto pero siempre habrá funcionarios. En el futuro los verdaderos objetos de culto serán los artistas.

De ahí la molestia con políticos que atienden a uno de los sectores más descuidados de la sociedad sólo en tiempos de elecciones. Los candidatos ofrecen, ahora como hace seis años, una panacea: convertir a Xalapa en un corredor cultural, recurrir al turismo cultural para atraer dinero. Sin embargo mientras la actitud con que los políticos contemplan y consideran a los creadores, promotores y empresarios que se dedican a la cultura, continúe siendo condescendiente, cuando no francamente despectiva, poco o nada cambiará. Hace tres años se pedía un teatro para la ciudad. Ahora el en ese momento aún precandidato Javier Duarte lo promete. La pregunta es: ¿se permitirá su uso a las agrupaciones teatrales, dancísticas, literarias independientes o sólo a quien apoquine su varo? Son veinticinco mil pesos lo que cuesta la Sala Grande del Teatro del Estado. Esa es una minucia: si no tienen río, les haremos un puente. Y si no tienen grupos artísticos, les daremos un teatro, aunque sea para festivales de fin de cursos. Se necesita un teatro sí, pero más se necesita cambiar los hábitos artísticos y de sensibilización.


Los tontos útiles


Hay que hacerles
comprender a los políticos, a los aspirantes a gobernarnos, que un foro no es un espacio donde un político dirige un discurso a la audiencia, mientras a cambio recibe aplausos y genuflexiones. Un foro es un espacio donde se debate y se dialoga con respecto a un tema. El reciente foro ambiciosa y al mismo tiempo equívocamente llamado “Veracruz y la Cultura” –equivocado nominalmente porque recuerda a la fundación cultural de Dante Delgado Rannauro, Veracruz en la Cultura–, fue todo menos un foro. El entonces precandidato que ya sabía que sería candidato se reunió con intelectuales, más de mil quinientos, dice la nota, fue saludado por el antropólogo José Velasco Toro –alguna vez aspirante a la rectoría– e igualmente intervino el notable intelectual Francisco Rangel, saludando los méritos de Duarte. Si no saben quién es Rangel, yo tampoco.
Desde los años en que Luis Echeverría Álvarez fletaba aviones repletos de intelectuales hacia Suramérica, no sabíamos que existían tantos: mil quinientos, sólo en Xalapa. El misterio por supuesto fue resuelto por el único periódico que más allá de las cifras y del resumen del discurso de Duarte buscó aclarar quién convocó. El informativo digital Veracruzanos. Info acotó que el Instituto Tecnológico de Veracruz convocó a los intelectuales junto con el Círculo Cultural de Veracruz.
Hemos querido indagar quiénes conforman ese Círculo Cultural. Rumores que trae el viento en esta soleada Xalapa nos susurran que los conjurados son intelectuales siempre ilustres que siempre están aspirando a un cambio –algunos de sexenio, otros sólo brincar a un nuevo puesto. Por lo pronto, junto con ese grupo de notables, se disputan el dudoso honor de una convocatoria donde la mayoría no eran quienes decían ser –intelectuales– ni todos los que decían eran, instituciones como COBAEV, IN-JUVER, SEV, UV –a través de Manuel Zepeda– y el Ayuntamiento de Xalapa. Como alguien dijo: o sea que las instituciones sí están participando en el acarreo. Nosotros preferimos creer que mil quinientos notables intelectuales acudieron devotamente a la feligresía que el sábado 25 de marzo se ofició en la Sala Grande del Teatro del Estado. Y muchos salieron tan sonrientes como el doctor Arredondo, quien se dice brinca de sexenio sin cambiar de silla.

Los ARTISTAS al SISTEMA/ Ley para el Desarrollo Cultural de Veracruz/ III Y ÚLTIMA

La Iniciativa de Ley para el Desarrollo Cultural del Estado de Veracruz se presentó ante el Congreso como una demanda ciudadana, la respuesta a una petición popular, soslayando que fuera una iniciativa de la diputada Dalia Pérez Castañeda. He señalado que el objetivo principal de la ley, más allá de la necesidad de contar con una legislación contemporánea que regule el trabajo y el patrimonio cultural, es ofrecer un sustento jurídico a la Secretaría de Turismo y Cultura, cuyo papel resulta central en la constitución de la ley. Concebida como parte de la reingeniería que el actual gobierno lega a Veracruz, la Secretaría de Turismo nació sin un sustento que la respaldara. Al principio se comisionó al IVEC para preparar la normatividad, pero en más de un año no consiguió delinear un proyecto pausible. Posteriormente, como saben quienes han seguido esta novela por entregas, apareció el Caftán Rojo, quien se comprometió a elaborar la ley y a conseguir el apoyo corporativo de artistas e intelectuales veracruzanos, aunque finalmente sólo se comprometiera a los xalapeños.

En la presente Ley para el Desarrollo Cultural el sustento es otorgar personalidad jurídica a la Secretaría, conferir un papel decisivo, más allá de facto, al Gobernador del Estado, quien se convierte en juez y en impulsor supremo de la legislación, y delinear y por ende delimitar la competencia y responsabilidad de los elementos a quienes atañe directamente esta ley, designados como autoridades. Conforme al Capítulo III “De la competencia, atribuciones y perfiles de las autoridades en materia cultural” se enuncian como tales al Gobernador del Estado, a la Secretaría, a la Secretaría de Educación, al Instituto Veracruzano de Cultura, el Consejo Veracruzano de Arte Popular y los Ayuntamientos.

Como he asentado ya, cada uno de los capítulos merece un comentario prolijo. Remito a quien quiera conocer las particularidades que entraña y atribuye la nueva ley a las Autoridades y en especial al Gobernador, a conocer la ley y acaso propiciar un debate.

Programas, sistemas y gremios

Con esta ley se instauran dos organismos cuya existencia asegura polémica: El Programa de Desarrollo Cultural:

  • El Programa Estatal para el Desarrollo Cultural tiene por objeto establecer las políticas y actividades de la Secretaría, de sus unidades administrativas y de las sectorizadas para la promoción del desarrollo cultural. (Artículo 33, Capítulo VI)

Además del superprograma que integrará toda actividad del quehacer cultural se instaura un Sistema, cuyo propósito es regular la actividad cultural y sujetarla a una jerarquía. Su personalidad se enuncia en el Capítulo V. Se trata, conforme al Artículo 28, al que gloso, del “conjunto de instituciones públicas, privadas y comunitarias que planifiquen, promuevan, fomenten, estimulen, financien, desarrollen y ejecuten actividades culturales”. Es cierto, desde un punto de vista institucional resulta importante que las diferentes instituciones y dependencias se coordinen con el propósito de no repetir funciones ni realizar programas que choquen mutuamente.

Constituirán el Sistema, el gobernador, y sendos representantes del Congreso, Turismo; la Secretaría de Educación; la Universidad Veracruzana; el IVEC; el Consejo Estatal de Patrimonio Cultural. Para que los artistas no digan que no se les toma en cuenta se designarán “Cuatro representantes de los artistas y trabajadores culturales, cada uno perteneciente a las diferentes disciplinas artísticas, a propuesta de las organizaciones”. Es importante recalcar esta frase “a propuesta de las organizaciones”. ¿Qué organizaciones? Acevo hablaba de gremios, ahora en esta ley se habla de organizaciones. La Confederación de Poetas Veracruzanos se pronuncia por determinado candidato. Seguro que veremos mantas así en el 2016.

Es cierto, no toda la ley entraña ese contenido de regulación y ese tufillo a corporativismo que ya presentaba la iniciativa de Acevo. Hay disposiciones positivas. El problema es que aparecen aisladas y como en el caso de otras leyes, mientras impere la ausencia de democracia y el gobernador continúe siendo el Gran Elector, no se entiende cómo la disposición de otorgar un seguro o disponer de mínimos derechos cívicos para quienes se dedican a la gestión, la creación, la difusión, el análisis de la cultura pueda ser más que letra muerta. Por ejemplo se enuncia que la Secretaría deberá promover que las empresas inviertan en la cultura (Artículo 38, Capítulo VII). Siendo el factor primordial del atraso cultural del Estado –sí, dije atraso, yo no creo eso de que por ser un estado con palmeras borrachas y travestis perfumados estemos mejor que otros estados con iguales valores patrimoniales y mejor infraestructura para el desarrollo de las artes, por ejemplo: Puebla– la falta de interés de las empresas privadas, la falta de presupuesto adecuado en municipios e instituciones estatales, urge una ley que demande a la iniciativa privada la inversión. No tibios pronunciamientos:

  • La Secretaría procurará el acercamiento entre las empresas y los trabajadores culturales, para el efecto de alcanzar los objetivos de esta ley (Artículo 38).

Y acaso porque el problema de la cultura es un asunto de cómo conseguir patrocinio para una actividad en principio ajena a la especulación –que una actividad cultural sea rentable no implica que todas las actividades culturales deban serlo: ¿se dejará de apoyar la poesía porque no vende al igual que una novela de espionaje? ¿un festival de reggeaton debe ser el paradigma de un festival de música sacra?–, llame también la atención ese Artículo 39, un poco disimulado, un poco queriendo pegarse a la pared para que nadie lo note:

  • Artículo 39.- Sólo las personas y organizaciones que se inscriban en el Registro Estatal de Empresas, Organizaciones y Trabajadores Culturales tendrán acceso a los mecanismos de fomento y promoción de proyectos culturales.
  • Para inscribirse en el Registro, el interesado deberá dirigir al Instituto una solicitud indicando la actividad cultural a la cual se dedicaba o proyecta dedicarse.

En el caso de los proyectos culturales, además de las solicitud, el interesado deberá describir el proyecto, indicar los medios con que cuenta para llevarlo a cabo y acompañar la estimación del costo y periodo de ejecución.

Es loable contar finalmente con una ley. Sin embargo, después de la abortada Iniciativa de Ley para la Cultura y las Artes de 2006 y de tantos foros de análisis, el resultado parece insuficiente. No se cumplieron las expectativas que esperaban una ley que creara una secretaría de cultura –lo cual hubiera contradicho los lineamientos gubernamentales– ni una mayor relevancia o la exigencia de un conocedor de asuntos culturales dentro de la propia Secretaría de Turismo. Tampoco se ha implementado como obligatorios el seguro o la pensión para artistas incapacitados o enfermos. Asimismo la exigencia de registrarse y respaldar los proyectos con un presupuesto propio recuerda a los proyectos de financiamiento del FONCA sin que se precisen mayores detalles. Habrá que ver cómo se aplica y si transforma la situación de la cultura y las artes en Veracruz.

La INICIATIVA de LEY para el DESARROLLO CULTURAL/ II de III partes

El primer intelectual del Estado –por ahora.

Nuestra interpretación de los acontecimientos transforma la historia. Apelamos al olvido y proponemos ficciones mediante la asignación de valores y motivos distintos a los originales. En la entrega primera de esta saga reseñé las propuestas de legislación cultural en el sexenio de Fidel Herrera Beltrán. Y relatamos (el Dile y su hermano Tonto, protagonistas de Tonto y retonto) los orígenes de la Iniciativa de inminente ratificación como ley por el gobernador. Dalia Pérez Castañeda siendo aún candidata a diputada había convocado el  25 de agosto de 2007 al Foro de Arte y Cultura para el Desarrollo para conocer la situación de los actores de la cultura en Xalapa. Posteriormente, ya investida representante popular de la LXI Legislatura y presidenta de la Comisión de Turismo, propuso foros de consulta en Martínez de la Torre, Perote, Poza Rica, Veracruz, Córdoba y Minatitlán.

Cambiando la historia

Una versión distinta se formula en la “Exposición de motivos” con la que el jueves 28 de enero la diputada local Pérez Castañeda presentó la Iniciativa de Ley para el Desarrollo Cultural del Estado de Veracruz-Llave ante el Congreso. La Iniciativa se describe como un “producto ciudadano”, resultado del trabajo de “amplios grupos sociales que la concibieron, propusieron y revisaron”. Se soslaya el antecedente de una iniciativa personal. Más impacta hablar en nombre de una ambigua colectividad. “Al inicio de esta Legislatura un gran número de ciudadanos insistieron sobre la necesidad de proponer y decretar una norma jurídica que contribuyera al desarrollo cultural de la entidad”. Lo que implica que la Iniciativa de Ley no es una bandera personal de la legisladora Pérez Castañeda, como habíamos creído, sino formulación de una demanda ciudadana. Por ello, el sensible “Congreso consideró justo el reclamo y con el objetivo de integrar la iniciativa legal que ahora se conoce, convocó a foros de consulta”.

Si el curioso y paciente lector me ha seguido hasta aquí… regrésese porque voy a donde el rey juega al tío lolo. Pérez Castañeda habló de la necesidad de aportar la legislación necesaria en materia de cultura; cristalizada la Iniciativa, ésta se presenta no como una propuesta personal sino como un producto colectivo, una demanda ciudadana. Y ya no es una diputada sino el Congreso en pleno quien convoca a foros de consulta. Omitamos por ello mencionar que una de las preguntas en ocasión de la realización del foro en Xalapa en 2007 fue si no se buscaría validar una ley presentándola como resultado de una consulta popular. Antes que la Ley fueron los foros pero los foros ya pensaban en la Ley.

Nace una superestrella

De la lectura de los diez capítulos que componen la hoy flamante Ley para el Desarrollo Cultural del Estado de Veracruz se desprende como objetivo, más allá de loables formulaciones, derogar la legislación anterior en materia de cultura. Todas las leyes, incluyendo la que otorgaba sustento jurídico al Instituto Veracruzano de Cultura, pierden validez. Y con esta propuesta, comandada por los ciudadanos, siempre tan diligentes en  ampliar las funciones de sus ejecutivos, siempre tan deseosos de fortalecer el papel de las instituciones en quebrantamiento de la libertad individual, resulta fortalecida la Secretaría de Turismo. No es un papel inédito, sólo la corroboración jurídica del papel que la reingeniería previamente le había asignado.

Los capítulos II, IV, VI, VIII y IX delinean las funciones rectoras de la Secretaría. En el capítulo II se enumeran los derechos culturales de los veracruzanos y de los trabajadores culturales. En el Artículo 8 de tal capítulo se establece que el fomento y promoción estarán a cargo de la Secretaría:

  • La Secretaría fomentará y promoverá la participación de la población en la vida cultural de sus comunidades, el disfrute de los bienes y servicios culturales y la colaboración en el progreso artístico, como fuente de creatividad y componente central de un desarrollo autodeterminado, corresponsable, integral y sustentable.

Resulta prolijo citar y glosar cada uno de los artículos. Me limito a comentar el capítulo IV, “De la Política Cultural del Estado”. En el Artículo 23, tras enunciarse las prerrogativas y acciones con que el Estado fomentará la diversidad cultural y la protección del patrimonio cultural amén de establecer programas de apoyo a la creación y acciones de difusión cultural, se decreta que será la Secretaría quien represente al Estado en la coodinación con “las dependencias y entidades de la administración pública municipal, para fortalecer la descentralización de los programas y acciones”.

Otro artículo que patentiza las atribuciones y el papel central que la Secretaría de Turismo detenta es el Artículo 25 que señala que “promoverá convenios de colaboración” con los ayuntamientos, instituciones educativas, organismos públicos, grupos, asociaciones civiles y patronatos de gestión cultural. Inútil agregar que no habrá acción que busque o persiga la participación del Estado que no ataña a la Secretaría.

El primer intelectual del estado

Punto menos atendido y soslayado en los compendios difundidos es el papel preponderante que el gobernador poseerá en la articulación del desarrollo cultural. En el Capítulo III “De la competencia, atribuciones y perfiles de las autoridades en materia cultural”, Artículo 15, se establece que corresponderá al Gobernador del Estado:

  • Elaborar el Plan Estatal de Desarrollo que en materia cultural considere a los trabajadores culturales, garantice el acceso de la población a las manifestaciones, bienes y servicios culturales en igualdad y equidad, y conceda especial atención a las personas y grupos sociales en desventaja.

Al gobernador le corresponde “ejecutar la política y programas culturales”, “conservar y fomentar la participación el Estado y la sociedad, en la protección y promoción de regiones culturales, monumentos, zonas y sitios arqueológicos”, otorgar “premios, reconocimientos y estímulos a las personas y organizaciones que por sus méritos se distingan en el quehacer cultural y artístico”. Es cierto que siendo el gobernador el ejecutivo responsable de cumplir la ley no sorprende que entre las tareas asignadas se encuentre la representación ante la Federación ni que suscriba convenios o cree incentivos económicos, pero sí que recaiga en él la tarea de ejecutar programas culturales y la elaboración del Plan Estatal de Desarrollo.

Si la Ley es fruto de una concomitancia ciudadana, ¿cómo surgió el preponderante papel que las instituciones tienen en ella? De la somera revisión se desprende que la Secretaría de Turismo, antaño carente de una legislación que estableciera y delineara su operación con respecto a la cultura, emerge fortalecida y con atributos que la convierten en el supremo departamento institucional. El Plan de Desarrollo, los convenios, el financiamiento, el reconocimiento, la promoción, la protección, todo atraviesa por ella. Y el gobernador se convierte en el principal representante de la cultura. La promoción cultural será imposible si no hay un acuerdo previo con el gobernador o con el responsable que éste delegue.

La INICIATIVA de LEY de DALIA PÉREZ CASTAÑEDA/ I de III partes

Dalia Pérez Castañeda, diputada local de la LXI legislatura presentando la Iniciativa de Ley para el Desarrollo Cultural del Estado de Veracruz el jueves 28 de enero de 2010.

La ley Atanasio

El 4 de enero de 2005 el diputado del PRD Atanasio García Durán presentó al gobernador Fidel Herrera Beltrán una Iniciativa de Ley para la Cultura y las Artes. Junto con Ramón Acevo y Verónica Rodríguez, dirigentes de la asociación cultural Caftán Rojo principal promotor de la iniciativa, declararon en conferencia a los medios de comunicación que la reingeniería del aparato gubernamental había traído al medio cultural “incertidumbre e indefinición”, y acusaron al Estado de carecer “de una unidad programática y vinculación institucional para impulsar la cultura en el Estado”.

La Iniciativa de Ley que presentó García Durán como vocero legislativo de CONARTE (nombre con que se encubría la asociación Caftán Rojo) había surgido, o eso se asentó, de largas sesiones y consultas entre varios integrantes de la comunidad artística y cultural de Xalapa, en las instalaciones del Caftán Rojo, ubicado entonces en la calle de Aldama, Xalapa (hoy se encuentran en Coatepec, de ahí la precisión).

Desde la presentación ante la sociedad algo no parecía concordar: García Durán dijo que se le entregó la propuesta al gobernador el 4 de enero, mientras que Acevo declaró habérsela presentado en las instalaciones de su negocio el 3 de enero de 2005. La coincidencia de los principales lineamientos  de la iniciativa con una de las acciones principales de la reingeniería gubernamental, la desaparición del Instituto Veracruzano de Cultura y la absorción de sus funciones por la Secretaría de Educación y por la Secretaría de Turismo, provocó de inmediato suspicacia entre gestores e intelectuales.

En Performance y en esta columna se señalaron las inconsistencias y enredos de tal propuesta. Así, la falta de acuerdo en las fechas, ya que se le presentó al gobernador el 3 de enero, y a la Legislatura el 11 de enero, apenas días antes de que se publicara en la Gaceta Oficial (13 de enero de 2006) el decreto instaurando la Secretaría de Turismo y Cultura (Ley 523 de Turismo) para el Estado de Veracruz de Ignacio de la Llave), cuya estructura resultaba parecidísima a la del Consejo Veracruzano de Cultura que se enunciaba en dicha propuesta legislativa. Y por supuesto, las vehementes declaraciones que anunciaban la desaparición del IVEC.

El Foro de Consulta convocado por la Comisión Permanente de Educación y Cultura del Congreso Local cuyo propósito era validar y sumar consenso a la Iniciativa de Ley para la Cultura y las Artes resultó un acto polémico, que será recordado por la vehemente oposición a la iniciativa y a las resoluciones ahí contenidas. El resultado: la iniciativa no pasó el escrutinio.

Legislar para crecer

Ciertas intenciones no mueren, sólo se transforman. Siendo aún candidata, Dalia Pérez Castañeda, conductora de televisión en RTV y ex bailarina, adoptó como causa formular una ley de cultura arguyendo la carencia de legislación en materia de cultura en Veracruz. El 25 de agosto de 2007 la entonces candidata a diputada local por el Distrito XI convocó al Foro de Arte y Cultura para el Desarrollo, “Legislar para crecer” Posteriormente, ya investida representante popular de la LXI Legislatura y presidenta de la Comisión de Turismo, promovió foros para conocer la situación de la cultura veracruzana en sitios claves del estado: Martínez de la Torre, Perote, Poza Rica, Veracruz, Córdoba y Minatitlán.

Tan exhaustiva consulta cristalizó en una nueva Iniciativa de Ley, esta vez con el complemento: “Para el Desarrollo Cultural de Veracruz”, la cual se presentó el jueves 28 de enero ante el diputado Leopoldo Torres García, Presidente de la Mesa Directiva de la LXI Legislatura del H. Congreso del Estado Libre y Soberano de Veracruz. A diferencia de la propuesta presentada por García Durán como intermediario del Caftán Rojo, la iniciativa de Pérez Castañeda mereció escasa atención en la prensa y en los medios. Ni siquiera los principales interesados y presuntos beneficiarios, los trabajadores de la cultura, para englobar esa comunidad variopinta compuesta por creadores de arte, burócratas, promotores, gestores, analistas, académicos e intelectuales, han demostrado interés en conocer esta ley. El silencio y la indolencia motivan a preguntar: ¿tan mal está la cultura que a nadie, ni siquiera a quienes viven de ella, les interesa?

Distinta ley, mismas resoluciones

Mientras se desarrollaban en la entidad veracruzana las reuniones del Foro Arte, Cultura y Patrimonio, convocado por la LXI Legislatura, Juan Javier Mora-Rivera Dalia Pérez Castañeda en torno a la pertinencia de la Ley de Cultura Meses antes, cuando se instauró el primer foro en la ciudad de Xalapa, hubo voces disidentes, entre ellas la del citado escritor y periodista, que consideraron la propuesta de análisis, más que una oportunidad para la libre expresión y discusión de los problemas y propuestas de la comunidad intelectual, una argucia para eventualmente recuperar la añeja Iniciativa de Ley de García Durán-Caftán Rojo. Parecía que la intención de los prolijos foros de análisis y participación ciudadana era formular una ley con el argumento de que se trataba de las resoluciones de una consulta popular y presentarla sin tocar en esencia los principios y objetivos que habían animado la anterior. Porque una de las preguntas que surgieron cuando el Caftán Rojo elaboró su propuesta de ley fue quién había redactado un documento cuyos lineamientos coincidían con las intenciones de la reingeniería del organigrama gubernamental.

El Diletonto ya había señalado que en apariencia los lineamientos del sexenio en curso eran desaparecer el IVEC, crear un mega consejo con los jerarcas de la cultura, la educación y la política, y uniformar la cultura con el propósito soterrado o visible, de corporativizar la cultura. Esta interpretación surgía del hecho de que la desaparición del IVEC y la creación de un consejo la asienta, la delinea, el Ejecutivo estatal en el decreto para instituir la Secretaría de Turismo y Cultura (Ley 523 de Turismo para el Estado de Veracruz de Ignacio de La Llave), la cual se publicó el 13 de enero de 2006 en la Gaceta Oficial.

En la entrevista que se publicó en Performance 72 (4 de agosto de 2008) Mora-Rivera entrevistó a Pérez Castañeda en torno a las propuestas surgidas durante las reuniones de consulta. Los principales cuestionamientos fueron el anuncio de la desaparición del Instituto Veracruzano de Cultura, voceado por el propio director del IVEC, Sergio Villasana Delfín, y la propuesta de dedicar un porcentaje fijo de los presupuestos del Estado y de los municipios para la promoción y conservación de la cultura. Si la propuesta de regionalización coincidía con el Plan Veracruzano de Desarrollo (PVD) evidenciaba igualmente la paradoja de que se hablara de la asignación de un presupuesto para la cultura cuando en rigor la promoción y conservación de la cultura por parte del Estado no se cumple justamente por que el recurso asignado es insuficiente. Es cierto, al IVEC se le asignan más de ochenta millones de pesos pero una parte considerable de este presupuesto se destina a la Cumbre Tajín, que es un proyecto externo al del Instituto.

Ajena ya a estos cuestionamientos, Pérez Castañeda presentó su Iniciativa de Ley, con un discurso sustentado en la “innegable vocación cultural” de Veracruz, ya que “sus atmósferas, su luz, sus aromas, sus sonidos son propicios para la creación”. El análisis de la propuesta, un conjunto de diez capítulos y cuarenta y nueve artículos, “en los que se pretende regular cuestiones sustantivas y adjetivas de notoria importancia para el desarrollo cultural de Veracruz”, será el motivo de la segunda entrega de esta serie.

30AÑOSde elAGORA

II y última parte

Mariano Agora

Se festejan los treinta años de El Ágora de la Ciudad, un espacio que en más de un sentido además del urbanístico resulta central en la vida cultural de Xalapa. Sin embargo, el festejo soslaya que papel tan central no pocas veces ha sido secundario.

La concepción misma de El Ágora, en su acepción institucional no helenística, define su naturaleza. El FONAPAS se crea como parte de la política de atención a las familias durante el régimen lopez portillista, complemento diríamos de la atención material que tan bien encarna el DIF, vestigio de una época en que se consideraba como idóneo el bienestar intelectual y físico tanto como el material. El Ágora, esa figura que como ya dijimos en nuestra entrega anterior, reúne los atributos de un salón cultural y una casa de cultura en la noción tradicional y provinciana, se propone ser un espacio de cohesión antes que de polémica. Representa por antonomasia los valores institucionales, el apego a la tradición. Por ello, si bien El Agora de la Ciudad, concentrándonos ya en el espacio de Xalapa no en aquellos otros que compartieron el nombre y que hoy, a lo largo de la república, han devenido museos, casas de cultura o auditorios, ha ofrecido y permitido una serie de actividades artísticas y culturales, de otro modo difíciles e incluso impensables en Xalapa, también ha sido un sitio por completo cerrado, reacio al significado original de un ágora: territorio de libre encuentro.

Pa’ muestra basta una peli

A lo largo de su trayectoria e independientemente de sus directores, coordinadores o encargados responsables, la mejor prestación de El Agora a Xalapa ha sido cinematográfica. Desde la fundación promovida por Rebeca Bouchez y la posterior asunción del encargado de actividades cinematográficas  como responsable, Roberto Jiménez, hasta nuestros días, cuando Eber García, bajo la tutela de Alejandro Mariano, se ocupa de la programación cinematográfica, El Ágora ha fungido a la vez como cineclub que exhibe películas inéditas en Xalapa, hasta sala de lujo para estrenos de otro modo inadvertidos por el exigente pero muchas veces miope público cinéfilo, quien precisa de la legitimación para reconocer a Oliver Stone o a Clint Eastwood como Autores. El Ágora ha permitido festivales, foros, muestras y ha exhibido cintas insólitas en provincia, como el Napoleón de Gance o para contribuir a hagiografías (El Argentino de Steven Soderbergh, Joy Division de Grant Lee ) Es la referencia más visible de la cultura cinéfila. ¿Quién no se ha enternecido cuando una jovencita con ínfulas de nínfula declara que si va al cine, pero “sólo a las del Ágora”?

Importante contribución también la de los talleres de literatura y arte. Ricardo Yáñez estuvo con Bouchez en una primera instancia y volvió a invitación de Indra Olavarrieta. Roberto Jiménez preparó niños que soñaban con la fotografía, algunos de los cuales devendrían artistas, como Jorge Acevedo. Octavio Reyes, quien estuvo con Bouchez y volvió durante la gestión de José Homero, formó jóvenes escritores, entre ellos al periodista Juan José Llanes y el cineasta Fabricio Prada. Alejandro Mariano sin duda atenderá este aspecto y encomendará nuevos talleres de arte, crítica, creación, para conservar ese espíritu de formación que tan bien supo interpretar El Ágora.

Con un auditorio en sus respectivos momentos –ha pasado épocas duras, la actual no es la excepción– tan apropiado y adecuado para difundir una tradición diríamos de teatro de cámara, monólogos, espectáculos unipersonales, El Ágora, con todo, no ha fungido preponderantemente como espacio teatral. Es cierto, en sus comienzos, cuando el presupuesto era por partida doble, se presentó Volpone, llegaron compañías extranjeras, y después siempre hubo representaciones notables, pero no ha tenido continuidad. No es extraño: El Agora privilegió ser sala cinematográfica, pero ahora que no hay cine jueves y viernes, podría abrirse a los grupos emergentes de teatro. Xalapa, ciudad presumidamente teatrera, abunda en teatreros y carece de teatros. El Agora debería de asumir este reto. El Foro Abierto se ha convertido, en los últimos años, gracias a las sugerencias que Bouchez recibiera de su hija, en un territorio para las nuevas propuestas de danza y de música, rock en especial, pero igualmente son, reggae, blues y alternativo. Mariano ha conservado ese espíritu. Para redondear deberían de ofrecerse conciertos no gratuitos en el Auditorio, cuando los grupos ameriten una presentación que permita apreciar su música con propiedad.

Plástica de plástico

Zenil_Bride

Paradójicamente, el área que junto con el cine más se ha atendido es la plástica. Al contar con espacios para su uso como galería –espacios que en la remodelación se extendieron más allá del ámbito tradicionalmente destinado para tal–, El Ágora ha ofrecido cientos de exposiciones. ¿Dónde la paradoja? Que para el elevado número de expositores la calidad ha sido escasa. El Agora, acaso en sus primeros años, no ha sido nunca, plásticamente, centro de la actividad artística. En los últimos ochenta lo fue la Galería Ramón Alva de la Canal, con Javier Puchetta, en los noventa; la Galería de Arte Contemporáneo, con Guillermo Villar primero y después con Carmen Díaz; y claro la Pinacoteca Diego Rivera con Francisco Vidargas ; en esta década, la Marie Louise Ferrari, el Jardín de las Esculturas –cuando Manuel Velásquez y Angélica Ayala…–y como nunca la Pinacoteca, que gracias a la perspicacia y las habilidades políticas de Jorge Duarte ha pasado a desempeñar un papel central en la vida de Xalapa. El Agora entre tanto, salvo experiencias aisladas que han buscado ofrecer algo distinto, se ha mantenido como un recinto tradicional. Ha sido conservador, institucional y espacio para artistas y exhibiciones lamentables. Los pocos y aislados escándalos que se han suscitado fueron también aportados por las exposiciones: una fotografía de Miguel Fematt robada, posteriormente aparecida en un cesto arrugada y rota; el retiro de un cuadro que Rebeca Bouchez efectuó con base en su criterio debido a la presencia de un icono nazi que motivó una nota en La Jornada No han estado los mejores artistas de la ciudad, salvo excepciones, y mucho menos se han presentado los artistas más importantes de los últimos tiempos. Pocos nombres que oponer a las exposiciones en otros espacios. Las excepciones serían Guillermo Arreola, con Bouchez; y Nahum Zenil y Soid Pastrana, con Mariano. Mucha basura en cambio, mucha apertura que sólo abarata el lugar. Y en todas las administraciones: ¿no acabamos de ver una terrible muestra de impotencia creativa en julio, la exposición de Isidro Laisequilla? ¿No se prepara una muestra de un artista papanteco recomendado desde Palacio? ¿No hay quien cree que el espantoso pero bien promovido Pedro Trueba es un artista?

Sería ingenuo pedir que en El Agora dejaran de exponer los recomendados por el gobernador o la Primera Dama, o que los directores y coordinadores no aprovecharan para saldar sus deudas pendientes, pero sí se apreciaría un mayor rigor en la selección de los artistas. Un buen artista de cuando en cuando sería maravilloso. El Agora es uno de los espacios más conocidos de Xalapa, por ende el que mayor público foráneo atrae. Exponer, bajo la premisa de que se trata de un artista xalapeño o veracruzano o representante de los valores populares, no favorece a la impresión de Xalapa como un lugar de cultura. Ya bastante tenemos con la depauperización de la Galería de Arte Contemporáneo, con el eclipse de El Jardín de las Esculturas, para que El Ágora, bajo la excusa de la demagogia y la confusión de las relaciones públicas con la promoción del arte, continúe cobijando falsos y provincianos prestigios.

Década perdida

El Agora es un espacio institucional. El papel central con que surge y la vocación ecuménica desaparece ante la ausencia de presupuestos. Desde su fundación hasta hoy su mantenimiento y la manera de encontrar recursos han sido la preocupación fundamental. No han existido las más de las veces proyectos sino programas. Al no existir una idea definida de la promoción cultural las administraciones han convertido a El Agora en un cineclub, una galería que privilegia lo xalapeño y lo provinciano, y en un auditorio que se presta al mejor postor. Billete manda y gobernador favorece.

Las administraciones estatales, los gobernadores pues, y sus caprichos, han impuesto y depuesto directores y administradores. Gracias a la influencia de Rafael Hernández Villalpando, creador de Encuentros y Ritmos, El Agora, durante el gobierno emergente de Dante Delgado Rannauro, se sumió en la decadencia total. Viva la vileza. De ahí surge el papel preponderante de la Galería del Estado, hoy de Arte Contemporáneo, a la que Delgado restaura y Chirinos aprovecha, A Chirinos, quien legó la tarea cultural al polémico Rafael Arias, tampoco le interesó retomar a El Agora como sitio de cultura, pese a que, de lejos, sea el último sexenio donde hubo noción de cultura en nuestro estado. Fue la década de los espacios del IVEC.

La década perdida sólo se palió con el arribo, una vez más, de Rebeca Bouchez, quien convenció a Miguel Alemán de la importancia del recinto histórico y su rescate. Es necesario un balance de estos últimos nueve años de gestión. Sin embargo puede decirse sin pensarlo demasiado que en esta cuarta etapa de El Agora –la primera es la del origen y gestación; la segunda, ya con un presupuesto exiguo, de resistencia; la tercera, de decadencia; la cuarta, la de la restauración– ha predominado el lucro –los espacios se concesionaron– y la cultura de relumbrón. Una exposición se mide no por la calidad de las obras expuestas sino por el número de asistentes. Un gran conferencista será aquel que convoque a personajes de la socialité y de la política. El éxito tiene que ver con la presencia del gobernador y la importancia del acto por el número de acompañantes del séquito. Como espectador y como diletante y diletonto no estoy de acuerdo en esa creciente idea de los gestores culturales de convertir exposiciones y presentaciones en una feria. Los músicos, las rifas, los actos maratónicos, no atraen a un público lego, sólo la convierten en una tortura para los interesados en asistir. Una recomendación: olvídense de rifas, de grupos de jazz, son, rock, música de cámara –por cierto, qué horrible toca la Orquesta de Cámara del Ayuntamiento– y sirvan más vino. Es lo único que hace soportable malos cuadros, música espantosa y gente fea e indeseable. Si quieren aumentar en sus informes el número de asistentes, eleven calidad y cantidad de vino. En la culta Xalapa sólo eso funciona cuando lo que se pretende es cantidad y no calidad.

30AÑOSde elAGORA

I de II partes

Cartel anunciando la exposición La Balada del Café Triste de Alberto Morales, Cat

Cartel anunciando la exposición La Balada del Café Triste de Alberto Morales, Cat

Durante el sexenio de José López Portillo, la Primera Dama Carmen Romano instituyó dos organismos cuyo propósito eran fortalecer a la familia como unidad de la sociedad y propiciar las actividades culturales y de esparcimiento. Surgieron así el DIF (Desarrollo Integral de la Familia) y el FONAPAS (Fondo Nacional para las Actividades Sociales). Mediante el FONAPAS se buscaba promover actividades artísticas y culturales y en consecuencia se abrieron salas de concierto, casas de cultura y salas de lectura.

Comprender gama tan amplia de actividades requería un espacio único; un centro de irradiación cultural para la comunidad. Así se retomó el concepto del ágora ateniense y surgieron los Ágora, que afloraron en varias ciudades de la república, incluyendo Ciudad de México, San Luis Potosí, Villahermosa, Tuxtla Gutiérrez, Mérida y por supuesto Xalapa. En realidad se trataba de una versión modernizada de las añejas casas de cultura: sede de talleres, con lecturas y conferencias, espacio galerístico para presentar exposiciones y un auditorio para espectáculos cinematográficos, musicales o dramáticos.

El Ágora de la Ciudad de Xalapa se asentó en los terrenos del antiguo Convento de San Francisco, donde primero había funcionado el Salón Victoria, un sitio de convivencia que contaba con sala de baile, pista para patinaje y sala de cine, en cuyas instalaciones posteriormente operó el Archivo General del Estado de Veracruz. La iniciativa del proyecto de restauración se presentó en 1977 al entonces gobernador Rafael Hernández Ochoa por el Patronato Pro Centro Cultural que presidía Rebeca Bouchez. De 1978 a 1979 se desarrolló el rescate del edificio del Archivo y se procedió a adecuarlo para la edificación de El Ágora, bajo la encomienda de los arquitectos Víctor Loyo Ramos y Enrique García Ramírez. Fue inaugurado el 11 de agosto de 1979 con Rebeca Bouchez como administradora.

Ágora sin memoria

Siendo El Ágora un espacio cuya existencia ha sido decisiva para la vida cultural de Xalapa sorprende que no exista una crónica fidedigna ni siquiera un registro confiable, estadístico al menos, de tan importante recinto. No hay fotografías, no hay archivos y tampoco una crónica rigurosa. Para escribir una historia puntual sería menester revisar los archivos hemerográficos y a la investigación mediante informantes. Existe una fuente al respecto: la crónica escrita por Rebeca Bouchez, fundadora y administradora en la mayor parte de la existencia de El Agora, la cual es posible consultar en el sitio en internet de El Agora y que se reproduce en muchos otros espacios, como verdad instituida y oficial. Otro documento, efectuado igualmente bajo la encomienda de Bouchez, que se puede consultar en los archivos del DIF, reitera la información de la crónica. Transcribo dos párrafos de la crónica:

En el ya mencionado Manual de Organización de El Ágora de la Ciudad, se lee:

La historia oculta

Durante la primera administración de Rebeca Bouchez, El Agora vivió una época de oro. Se crearon talleres de creación literaria y de redacción; se montaron exposiciones importantes; y funcionaba ininterrumpidamente el cineclub, además de la puesta en escena de obras de teatro y festivales. Era un verdadero centro de cultura. Y aunque Bouchez dejó El Agora, éste continuó funcionando, gracias, en principio a Roberto Jiménez, quien había sido subalterno de Bouchez. Durante esa época además de las actividades cinematográficas se instauraron talleres de creación literaria. Manuel Cortés, sucesor de Jiménez, quien fuera director del FONAPAS a nivel nacional, aportó su conocimiento institucional y sus relaciones con sellos editoriales y discográficos a nivel nacional.

Durante el periodo que en la crónica de El Agora y en el Manual de Organización de El Ágora de la Ciudad es descrito como sin operaciones ni actividades relevantes, coordinaron Indra Olavarrieta, Fernando Ruiz Granados y José Homero. Los funcionarios a quienes directamente interesaba el futuro de El Agora de la Ciudad fueron Eduardo Pérez Roque, quien fungía como subdirector –posteriormente, con Dante Delgado Rannauro sería Director General– del DIF, y Sergio Dorantes Guzmán, ambos fallecidos y cuya versión de cómo tomaron El Agora y qué números se entregaron después de la primera etapa de gestión  sería indispensable conocer.

Ruiz Granados, entonces joven escritor, recién egresado de Letras Españolas, ambicioso de suyo, administró en los albores de la gubernatura de Fernando Gutiérrez Barrios, quien a través del DIF estatal, presidido por Divina Morales de Gutiérrez Barrios, consideraba necesario mantener la vigencia de El Agora, ya entonces un espacio con visible deterioro físico, como un lugar de reunión y difusión intelectual. Con la asesoría de Roberto Ortiz y de Lorenzo Arduengo se mantuvieron los ciclos de cine, se acordaron festivales con la Cineteca, continuaron y aún se incrementaron las presentaciones de libros y revistas, además de que la galería no dejó en ningún momento de funcionar. Entre las cintas importantes que se estrenaron: París/Texas de Win Wenders, Napoleón de Abel Gance, La noche de Varennes de Ettore Scola, además de las películas emblemáticas del entonces nuevo cine mexicano: Amor a la vuelta de la esquina de Alberto Cortés y Crónica de familia de Diego López. En la plástica destacan las exposiciones de Vicente Rojo y de José García Ocejo. Ruiz Granados organizó asimismo actividades de recreación y cultura para los niños, cristalizadas en la Ciudad de los Niños

José Homero relevó a Fernando Ruiz Granados, con una dirección limitada, ya que no poseía facultades administrativas pues controlaba el aspecto financiero una contadora que finalmente conseguiría ser directora del espacio, ya en su etapa de total deterioro. Tal decisión de limitar responsabilidades trajo consecuencias: en tanto la renta de espacios, las decisiones con respecto a restauración y mantenimiento, no atañían a José Homero. De ahí la falta de recursos para impedir que la decadencia física continuara.

Espíritu ecuménico

Noticia en la portada de El Sol Veracruzano anunciando la designación de José Homero

Noticia en la portada de El Sol Veracruzano anunciando la designación de José Homero

José Homero fue director de octubre de 1987 a febrero de 1988 cuando renunció debido a la falta de un presupuesto y a las cortapisas con respecto al programa por él desarrollado. Asumió la dirección a invitación de Sergio Dorantes Guzmán, entonces colaborador de El Sol Veracruzano, donde Homero, a instancias de Sergio González Levet, dirigía un suplemento de cultura: Graffiti. Con el apoyo de un grupo de jóvenes que no recibían remuneración alguna pero que se mantuvieron cercanos a esa nueva dirección, entre los que recordamos a Ricardo Perry, Rafael Antúnez, Víctor Hugo Vázquez y Gerardo Ventura, además del acercamiento y la presencia de artistas como Carlos Torralba, Alberto Morales, Adolfotógrafo, Miguel Fematt, se buscó que El Agora fuera una suerte de Casa del Lago, con el espíritu ecuménico de la Generación del Medio Siglo. Se consideraba una excelente oportunidad para efectuar una transformación en la concepción de la literatura y de la promoción cultural. Juan Vicente Melo fue una presencia constante, con charlas y asesorando actividades. En el breve lapso durante el que Homero fungió como director se creó un programa de lecturas literarias, De Viva Voz, donde se presentaba a un autor maduro, a un autor joven y se leían fragmentos de un autor traducido. Escritores participantes: Juan Vicente Melo, Severino Salazar, Isabel Quiñónez, Luis Arturo Ramos, Silvia Tomasa Rivera, Jaime Reyes, Ángel José Fernández, Silvia Sigüenza, Lorenzo León, Roberto Bravo, Octavio Reyes, Guillermo Villar, Adriana Menassé, José Camacho Salvá, Irving Ramírez, Carlomagno Sol, además de los ya mencionados Perry, Ventura, Antúnez y Vázquez, y muchos más, ya que el programa incluyó a todos los autores y grupos existentes. El cineclub no se interrumpió al punto que se comenzaron entonces los primeros acercamientos con la Cineteca Nacional para efectuar una muestra de la Muestra. Entre los artistas que expusieron se cuenta la primera exposición individual de Carlos Torralba, una colectiva sobre la muerte con artistas mexicanos y polacos, coordinada por Adolfotógrafo, con artistas tan importantes como Yolanda Andrade, el propio Adolfotógrafo, Armando Cristeto y artistas de Estados Unidos y Polonia, además de una muestra retrospectiva de Alejandro Romero. 1987 también fue un año señalado y recordado porque Alberto Morales, mejor conocido como El Gato, realizó la primera exposición considerada posmoderna, en una suerte de instalación que abarcó toda la galería de El Agora, con la realización de las obras en directo bajo la luz de unas velas. Miguel Fematt saludó entusiastamente esta exposición.

Finalmente, el acto más importante fue un Homenaje Nacional a Juan Vicente Melo. Asistieron escritores tan importantes como Carlos Monsiváis y Tomás Segovia, quien también ofreció una lectura de su poesía. Con ellos: Alberto Paredes, Andrés González Pagés, Jorge de la Luz, Alejandro Toledo y Francisco Guzmán Burgos, entre otros, además de prestigiosos escritores asentados en la localidad como Luis Arturo Ramos, Marco Tulio Aguilera Garramuño, Guillermo Villar, Octavio Reyes, entre muchos más. Y por supuesto la presencia de Juan Vicente Melo. La memoria de ese encuentro está documentado en el número 64 del suplemento Graffiti; buena fuente respecto a las actividades desarrolladas durante la gestión de Homero.

Como se ve y como podría documentarse, de 1986 a 1988, el periodo que se define como sin actividades, existieron dos directores: Ruiz Granados y José Homero. Este último, a pesar de sólo laborar cinco meses mantuvo el espíritu ecuménico de El Agora, en teatro presentó a Susana Alexander y una breve temporada de Un halo de esplendor, espectáculo de Carlos Converso, además de abrirlo a otras manifestaciones como el rock, en especial a los ejecutantes locales, como Yerblues y Leoncorpión, y la música afroantillana –se presentó el primer disco de Combo Ninguno–, al tiempo que las actividades tanto literarias como artísticas buscaban un rigor cercano al manifiesto en ciudades como México. Sin soslayar nunca los vínculos con la Universidad Veracruzana, el ISSTE o la SEP.

Historia pendiente

Una de las tareas primordiales de Alejandro Mariano Pérez será emprender la necesaria memoria de El Agora, con imparcialidad evitando el protagonismo y el revisionismo. Y es tarea primordial porque Mariano, además de actual director y responsable de la Galería Veracruzana que funciona en el World Trade Center, posee un prestigio como gestor cultural que lo ha convertido en el abanderado de las historias culturales de Veracruz. Sería terrible ejemplo que no pudiera contar con un registro histórico del espacio que administra. El documental que se exhibió durante la ceremonia de la celebración de los Treinta Años carece por cierto de rigor. Fue apresurado y no hay una línea cronológica. No se entrevistó ni a Fernando Ruiz Granados ni a José Homero, quienes hubieran aportado su visión. Queremos creer que el descuido fue consecuencia tan sólo del apresuramiento –se elaboró en menos de quince días– y no a un acto de censura.