VERACRUZpor una culturaINSTITUCIONAL

La Feria Internacional del Libro de Palacio de Minería realizada del 22 de febrero al 4 de marzo tuvo en su edición XXVIII a Veracruz como estado invitado. El Instituto Veracruzano de Cultura, la Universidad Veracruzana y la Editora de Gobierno del Estado de Veracruz mostraron sus respectivos acervos bibliográficos y organizaron actividades dedicadas a mostrar la diversidad cultural de Veracruz. Gracias al atinado diseño se logró ofrecer en la exposición una imagen coherente y unitaria del trabajo tan diverso de estas tres instituciones. Coherente y unitaria, sí, pero como una suma de instituciones, no como la diversidad que es Veracruz. A despecho del éxito obtenido, Veracruz mostró una imagen parcial, acorde a los intereses del fidelato, cuyas instituciones se han ido definiendo como enemigas del quehacer cultural independiente.
Leemos en la editorial de la Feria: “ El programa de actividades de Veracruz, se ha estructurado en torno a diversas líneas temáticas, con el propósito de brindar al público asistente una muestra de la riqueza cultural y artística de la entidad, así como de su patrimonio natural, histórico y cultural, y del conocimiento científico y tecnológico que se desarrolla en el estado. Lo anterior, a través de presentaciones editoriales, mesas redondas, conferencias, talleres y grupos artísticos.”
Declaración demagógica. Mientras la Universidad Veracruzana y la Editora de Gobierno del Estado de Veracruz son instituciones cuyos alcances se definen en sus propios estatutos, es decir, pueden ofrecer una visión parcial acorde a sus intereses si así lo desean, el IVEC es el organismo dedicado a promover la cultura de Veracruz y por ello debió de convocar e invitar a los personajes y protagonistas de la vida cultural de Veracruz, más allá de que fueran institucionales o no. Si la Universidad decide que solamente sus académicos y profesionistas cuentan dentro de la cultura veracruzana o la Editora se presume factor decisivo en el avance de la cultura de Veracruz, está muy bien, las críticas en todo caso las recibirán ellos. El IVEC en cambio no puede limitarse a considerar que sus empleados y autores son los más representativos de Veracruz ya que es un organismo incluyente y plural, rector, no productor de cultura, y por ello debe considerar dentro de sus programas a las organizaciones independientes y también a los creadores al margen de las instituciones.
La imagen que presentó Veracruz en la Feria fue una imagen tan coherente, como lo puede ser una fotografía que decide a quiénes encuadrar y a quiénes no, pero también una imagen triste y provinciana: la de un estado que de cuando en cuando saca del armario las chalinas y los vestidos con chaquira olorosos a alcanfor, que se apoya en sus glorias pasadas, se pertrecha en los bastiones académicos y en los artistas promovidos institucionalmente. ¿De verdad esto es Veracruz? ¿La literatura veracruzana, que es lo que nos ocupa, está en la UV, el IVEC, la Editora de Gobierno? No, en estas instituciones están las glorias locales, los amigos de los directores editoriales en turno, los académicos de siempre, las redes de intereses creados, por lo cual siempre en todos los consejos editoriales, aparecen, desde hace casi treinta años, los mismos nombres. Cierto que hay que agradecer a la edad que algunos vayan cambiando, claro, pero se agradecería más pluralidad, que los jóvenes autores tuvieran un espacio donde publicar, en fin. Xalapa no tiene remedio.
Hay un cuento de Monterroso —deliberadamente cito de memoria— acerca de la visita de un prestigioso escritor a una ciudad. Lo recibe la tertulia de literatos y eruditos a la violeta que nunca faltan en los pueblos y cuando el hombre pregunta si no hay escritores, le presentan a un joven, hasta hace poco poeta, a quien los profesores terminaron convirtiendo en uno de los suyos, como el eminente crítico que está realizando las obras completas de otro betabel. Veracruz siempre ha vivido una esquizofrenia cultural. Fuera de Veracruz se conoce y aprecia a muchos artistas y creadores que curiosamente no son los mismos que se promueven en Veracruz. Es cierto, vivimos en una suerte de estado socialista donde quiere promoverse una cultura unitaria, controlada. Y antes que la cultura independiente, se prefiere a la cultura dependiente. Si te pago, no puedes pegarme.
Continuamos con la editorial de la Feria: “Veracruz es hoy en día, una de las entidades del país en donde la tradición cultural se conserva con orgullo y dignidad, a la par de su crecimiento y desarrollo material y espiritual. Es un estado vigoroso en donde comulgan cotidianamente historia y modernidad, propiciando así no solo el fortalecimiento de su actividad creativa, sino también el desarrollo sustentable de la entidad a partir del respeto a la diversidad social y natural.” Sí, debió de mostrarse la riqueza cultural y la diversidad, no la institucionalidad. Como director de Editorial Graffiti, considero que debió invitarse a esta casa editorial independiente a exponer sus productos y a participar en una mesa redonda en torno a la cultura. Graffiti fue una de las pocas revistas veracruzanas que han trascendido las curvas de Maltrata y para muchos mexicanos continúa siendo referencia de Xalapa. No sólo eso: editamos a autores como Naief Yehya, Mauricio Montiel, Roberto Pliego, Dionicio Morales, Eduardo Espina, José Kozer y Armando Romero, que luego serían autores de otros sellos, entre estos, la UV. Pero no sólo Graffiti, también Durandarte es un digno ejemplo de editorial independiente con un acervo de escritores veracruzanos, entre ellos el llorado Francisco Morosini, a quien se le ha querido reducir a letrista del himno jarochón, cuando en realidad fue un poeta y narrador de diversos registros. Y ha habido otros casos de editoriales, algunas con apoyo ocasional de las instituciones, como Cultura de Veracruz. Esta revista no me gusta, pero celebro que Raúl Hernández Viveros mantenga su proyecto. Y como tal es una presencia cultural.
Como crítico literario, lo cual comprueblo porque he ejercido la crítica durante más de veinte años, cosa que otros profesores y doctores nunca han hecho, que debió de invitarse a escritores como Rafael Antúnez, Francisco Hernández, Silvia Tomasa Rivera, Fidencio González Montes, Norma Lazo, Víctor Toledo, Braulio Peralta y muchos más que han enaltecido el nombre del estado. En vez de ello, acudieron escritores como Adolfo Castañón, Evodio Escalante y el ajonjolí de todos los moles José Vicente Anaya, que podrán ser autores de respeto (o no), pero no se entiende cómo están ellos y no los autóctonos. ¿Malinchismo? ¿Amiguismo?
Lástima que una excelente oportunidad para promover la riqueza cultural de Veracruz, de sus contradicciones incluso, haya terminado en una promoción de las instituciones. Cuando una institución necesita que la promuevan es porque poca credibilidad tiene.

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COMPARECENCIA DE GUSTAVO SOUZA

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