ESCRITORES de MAR y MONTAÑA en VERACRUZ

La poeta Silvia Tomasa Rivera en compañía de Ramón Rodríguez. Crédito: Juan Javier Mora-Rivera

 

Los días 24, 25, 26 y 27 de septiembre se celebró en las ciudades de Xalapa, Coatepec y Veracruz el I Encuentro de Escritores de Mar y Montaña, Rubén Bonifaz Nuño. Coordinado por la poeta Silvia Tomasa Rivera, nativa de El Higo, Veracruz, y vecina de Xalapa y Coatepec desde hace más de una década, el encuentro congregó a cerca de treinta escritores, entre visitantes y avecindados en Veracruz, siendo los más prominente, entre los foráneos, Carlos Montemayor, Hernán Lara Zavala, Raúl Renán, Elmer Mendoza, Vicente Quirarte, Efraín Bartolomé, Víctor Manuel Mendiola, Jorge Fernández Granados y Natalia Toledo.

Los motivos para tan inesperado encuentro nunca se enunciaron; de modo que su concepción, de la que este Diletonto se enteró hasta julio, poco tiempo para la planeación de una obra de tal envergadura, pudo ser apresurada. Nos consta sin embargo que Silvia Tomasa en persona invitó a varios escritores locales a participar. Puede disentirse de la nómina de autores foráneos elegidos y acaso en la elección esté el pecado –no asistieron los prominentes clásicos instantáneos del grupo Nexos: Ángeles Mastretta y los Pérez Gay, José María y Rafael; quienes eran, por motivos más comerciales que estéticos, más políticos que literarios, los campeones de la justa. A favor de Silvia, cabe elogiar el carácter ecuménico de la convocatoria.

Silvia Tomasa acertó al invitar a escritores de todas las edades y grupos. Logro especialmente visible en la elección de los veracruzanos participantes, ya que en la convocatoria de nuestros huéspedes hubo varios desconocidos. A diferencia de los encuentros de poesía que ha celebrado recientemente el Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias, donde el doctor Efrén Ortiz y la maestra Malva Flores no han resistido a la tentación de sobreexponerse, o de los encuentros de poetas que ha convocado en ciertas ocasiones la Feria del Libro Universitario, el encuentro organizado por Silvia Tomasa no fue excluyente tampoco parcial. No buscó fortalecer la imagen de la Silvia poeta, y en cambio fortaleció la imagen de la Silvia animadora cultural. No quiso acendrar la rivalidad entre foráneos y locales ni demostrar el desprecio que los creadores avecindados en Xalapa procedentes de la Ciudad de México sienten por la tierra que les da de comer. Mucho menos confunde la egolatría propia del poeta con la vanidad vulgar de los funcionarios oscuros que aprovechan el efímero poder para celebrar encuentros que los celebren e invitar comparsas que resalten mejor sus balbuceantes voces. Silvia resistió esa tentación. Y además de reunir a escritores tan disímiles, no sólo en credo sino en calidad, tuvo un acierto más: ella no participó, siendo que existían razones literarias que exigían su participación, ya que es una de las más renombradas poetas de Veracruz y de México. Siendo nuestra poeta laureada, su paso al costado es doblemente meritorio.

En lo tocante a los escritores huéspedes nuestros la nómina pudo ser más amplia e invitar a menos desconocidos –confieso mi ignorancia: no sabía que existían Jorge Souza, Elizabeth Cassesús, Karina Valderrábano, Raúl Servín y tenía a Edmundo Lizardi por un nombre extraviado en los suplementos culturales de los ochenta.

Un escritor se prosterna

Es digna de mencionarse, aunque no para celebrarlo, la interrupción del Mandatario en la lectura del poeta Carlos Montemayor, quien demostró que su rebeldía ante los poderosos es impostada y accedió, grotescamente, a volver a comenzar su lectura, todo porque Fidel acababa de llegar. El Diletonto recuerda otro acto de singular envergadura –no se emocionen ni se sientan aludidos–, el Homenaje a Sergio Pitol en ocasión de la denominación como Premio Cervantes 2005, celebrada en la Sala Grande del Teatro del Estado, cuando igualmente nuestro señor gobernador llegó tarde y la entonces directoria del IVEC, la doctora Esther Hernández Palacios, le extendió una tarjeta a la doctora Teresita de Jesús Díaz para pedirle que interrumpiera la lectura ya que acababa de arribar el gobernador. En un acto que la honra, porque demuestra que su educación y buenas maneras no claudican ante el oportunismo, la especialista en la obra de Sergio Pitol continuó su lectura indiferente a los gestos impacientes de Esther, quien entonces aún gozaba del favor político de Herrera Beltrán. Montemayor, en Veracruz, tuvo que tragarse su orgullo y recomenzar su lectura. En un gesto que lo honra ante la anfitriona, Silvia Tomasa, quien había exigido que volviera a comenzar, y lo demerita como una figura crítica del despostismo ilustrado. Claro, es el precio que se paga por tener a un mesero sirviéndote whisky a discreción.

Por el criterio y la honradez de no participar ni mucho menos estimular a que se celebrara al convocante; por el gesto simbólico de bautizar al encuentro con el nombre de nuestro máximo poeta vivo –aunque cabe también mencionar que a Ramón Rodríguez, nuestro otro gran poeta cordobés vivo no se le dio el lugar que mereciera, pues estuvo en la mesa del ostracismo, la que leyó en el Auditorio de la Normal Veracruzana–; y porque tenía más de veinte años que se celebró el último encuentro nacional de escritores en Xalapa –el cual me parece debió de ser el Encuentro de Escritores Jóvenes, cuando Christopher Domínguez y Alejandro Toledo, entre muchos otros, eran jóvenes airados–, este Primer Encuentro Nacional de Escritores de Mar y Montaña, a pesar de los reparos en cuanto a invitados, a la longevidad de los participantes –habiendo tanto escritor joven ya con logros– y al reconocimiento que este Diletonto considera merece Ramón, patriarca poético y en más de un sentido el poeta más influyente en Veracruz en las últimas dos décadas, es saludado con elogio. Extrañamos es cierto varios nombres: Jorge Lobillo, Luis Arturo Ramos, Jorge Moch, Víctor Toledo, e insisto, la presencia de jóvenes autores, fueran de Veracruz o de México, pero como piedra basal, este encuentro ha cumplido y con creces. Esperemos que continúe ya que será una de las pocas actividades trascendentes que se han efectuado en esta administración, más gris que roja en lo que a actos culturales se refiere.

Sólo promoviendo encuentros de dimensión nacional, fortaleciendo los vínculos entre la nación y la matria, podrá Veracruz, el estado, y la orgullosa Xalapa, escapar al solipsismo y la autofagia en que se halla sumida en parte por la ignorante soberbia de los creadores locales y en mucho por la inepcia de los funcionarios de cultura, que no dan una, y en cambio sí muchas muestras de pena ajena.

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