LA FERIA INFANTIL Y JUVENIL DE XALAPA

Inauguración de la Feria del Libro Infantil y Juvenil de Xalapa el 24 de julio de 2008

Historias entrelazadas

La Feria del Libro Infantil y Juvenil de Xalapa, hoy rebautizada FLIJX, cumple diecinueve años en el juvenil julio; edad longeva en una ciudad donde ni los negocios ni las empresas culturales superan pocos años. Tras un interludio nada, nel afortunado con distinta responsable, para esta nueva edición regresa Lourdes Hernández Quiñones, su fundadora. La antigua jefa de Ediciones Pedagógicas de la Dirección de Educación Popular se ha convertido  por antonomasia en la Feria: sinónimo de garantía, de permanencia y de compromiso. Ni modo, Lulú, serás la Awelita de la Feria.

Uno de los rumores más fuertes a partir de la clausura de la Feria XVII fue que desaparecería. El motivo: la escasa afluencia de público y en especial las quejas de los feriantes, los comúnmente llamados libreros, por las bajas ventas, quienes incluso, ante la oportunidad que da el río revuelto, vieron pepitas de oro brillando en la corriente y ya se aprestaban a tomar el relevo.

Limitada en espacio o en ideas, con pocos o muchos actos relevantes, la FLIJX es indudablemente una celebración arraigada en el imaginario xalapeño. Como se atestigua en las diversas crónicas publicadas en los tres años de vida de Performance, los niños de ayer, asistentes agradecidos a la Feria, se han convertido en los adolescentes, jóvenes y adultos que hoy preservan la tradición llevando a los más pequeños. La FILU pese a su amplísima oferta editorial, a su amplio programa y por supuesto a su mayor presupuesto no ha podido conseguir tan feliz arraigo.

La historia de las desapariciones

Cuando Víctor Arredondo llegó a la Secretaría de Educación de Veracruz, una de sus primeras iniciativas fue tomar el teléfono. Cedo la voz a Guillermo Manzano, encarnación oronda de Johnny Appleseed, quien en el número 7 de Performance publicó esta historia (“Vuelta a casa. XVI Feria del Libro Infantil y Juvenil”, 2 de julio de 2005):

La llamada salió de la oficina del Secretario de Educación y Cultura: “Va a ir a verte una persona del IVEC para que te pongas de acuerdo y hagamos una sola feria del libro.” Testigo de lo anterior, se dice, la propia directora del Instituto Veracruzano de  Cultura Muda. Sólo escuchaba. Víctor Arredondo, ex rector universitario, ordenaba a quienes semanas atrás fueron sus subalternos. Ni siquiera habló con su sucesor interino. No, él seguía en el sueño universitario. Sueño que nos costaba más de 150 mil pesos mensuales.

Refundir en una sola feria las dos ferias del libro de Xalapa… La idea era que el IVEC y la UV aprovecharan mejor sus recursos en beneficio de los lectores y ciudadanos. Obviamente la feria sacrificada sería la Feria del Libro Infantil y Juvenil para soliviantar aún más la FILU, que había sido una de las principales empresas. Logros y emblema del arredondado. La filtración de esta intención motivó que los libreros xalapeños se aprestaran a la protesta –al parecer los libreros son muy solidarios y activos, otros gremios, ni protestan cuando les tiran el jabón– y en poco tiempo, ante la intervención del gobernador, Fidel Herrera Beltrán, Arredondo se aplacó y las ferias volvieron a su cauce. Curiosamente ambas ferias se convirtieron digámoslo así en exiliadas: la FILU se mudó para no volver nunca más de la USBI al Museo del Transporte mientras que la FLIJX tuvó un devaneo involuntario con Los Lagos, hasta que el criterio permitió comprender lo inadecuado de dicho recinto para una festividad de tal magnitud.

La Feria ha tenido una historia de zozobra. Nació en la escuela primaria Enrique C. Rébsamen, cuyo edificio albergó a las primeras generaciones de la Escuela Normal Veracruzana, una de las creaciones culturales que indujeron a fines del siglo XIX a conferir a Xalapa el mote de la Atenas Veracruzana. Al trasladarse al Colegio Preparatorio se le encontró una identidad fundándose un extraño arraigo. Paradoja: pese a que la Feria no ha contribuido sustancialmente al desarrollo de lectores sí ha cumplido con uno de los objetivos secundarios: formar un público. Los niños y adolescentes van a la Feria como antes se iba al parque y hoy al mall: a encontrarse, a reconocerse felices en su pujante vitalidad. Y algunos de paso aprenden algo; por ejemplo, a cómo echar a perder sus monos OsKBgosh con plastilina. Cierto, la Feria nómada tuvó breves escarceos con Los Lagos hasta que como en un matrimonio longevo, la cordura retornó. La vuelta al Colegio en el 2007 tuvo visos de reconciliación. Y como tal se celebró. Por ello fue sorprendente que pese al aparente apoyo mostrado por Herrera Beltrán, nuevamente surgieran las amenazas de desaparición. Esta vez, se dice, más fuertes ya que los rumores apuntaban al interior del edificio neoclásico que se yergue donde alguna vez estuvo el Convento de San Francisco. No había mano negra; había luz verde.

 La historia de los dos que soñaron

Herrera Beltrán señaló en un convivio en Palacio, en diciembre de 2005, que apoyaría sustancialmente la cultura. La reunión fue con personajes destacados de la vida cultural, entre ellos la entonces directora del IVEC, Esther Hernández Palacios, y el Premio Cervantes 2005, Sergio Pitol, además de intelectuales cercanos y cercados. Sin embargo, para mayo de 2006, los augurios en torno a la desaparición de la Feria del Libro Infantil y Juvenil se habían intensificado. Las bajas ventas de esa edición, que se celebró en Los Lagos, paliadas con las vagas promesas de que el gobierno estatal adquiriría un monto determinado de los fondos, las cuales no se cumplieron, motivaron que se decidiera suprimir la Feria. Sin embargo, en 2007 regresó a su espacio considerado natural, el Colegio Preparatorio, del cual habían salido en previsión de problemas con el edificio (Lourdes Hernández Quiñones: “Habíamos salido por supuestos problemas del edificio, por viejo se creía que el peso de los libros y de los visitantes afectaba su estructura; se hizo un peritaje y al parecer todo está bien.” Guillermo Manzano, op. Cit.). La efímera coordinación de la maestra Marcela Suárez se vio deslucida debido al carácter ambiguo de la feria, que junto al homenaje a Francisco Gabilondo Soler ofreció un dudoso reconocimiento al comediante Héctor Lechuga, que sus méritos tendrá en la farándula, eso keniké, pero ¿reconocido en una feria infantil?

La feria del 2007 se desarrolló con ese aire fúnebre de las separaciones amorosas o enfermos en fase terminal. Se pensaba que era una suerte de adiós, un canto de cisne no muy elocuente, por la pobreza del programa. Para sorpresa de muchos, en especial de la Asociación de Libreros de Xalapa, quienes habían trabajado para retomar el proyecto con intenciones distintas, la feria continúa y la fundadora ha vuelto. Y aunque a diferencia del año pasado el ambiente no es lúgubre, sí se advierte que hay escasez de recursos. Esperamos que continúe.

Lourdes Hernández Quiñones, directora de la FLIJX

Es la historia de un amor…

Hasta cuándo el ego de los gobernantes dejará incólumes las acciones del antecesor? La Feria Infantil y Juvenil de Xalapa se creó en 1990 por iniciativa gubernamental. La feria fue, reconozcámoslo, una de las acciones brillantes emprendidas por Dante Delgado, un gobernador que en materia de cultura también tiene su cola de saurio que le pisen y que sin duda necesitaría una columna especial de El Diletonto. Algo así como uno de esos viajes en el tiempo a los que tan afectos eran Bill y Ted… Patricio Chirinos, un gobernador que en materia de cultura no escatimó presupuesto e incluso se interesó personalmente en exposiciones y celebraciones, reiteró el apoyo, y al tener a un secretario de Educación tan activo y sagaz como Guillermo Zuñiga Martínez, consiguió que la feria se consolidara. En cambio, con Miguel Alemán Velazco, que en poco menos de seis años buscó acabar con la idea de cultura que tanto había costado desarrollar incipiente y azarosamente en los tres sexenios anteriores al suyo, la Feria comenzó su declive, los rumores de inminente desaparición comenzaron. Los cuales se reafirmaron cuando Fidel Herrera Beltrán comenzó a utilizar como mantra la reingeniería y se acordó mediante decreto la desaparición del Instituto Veracruzano de la Cultura, la creación de una Secretaría de Turismo y Cultura y la reconversión de organismos que efectuaran duplicidad de funciones.

Desde los salones áulicos, toda feria parece lo mismo. Desde ahí no se escuchan las risas y los tacones de los niños corriendo y brincando; la compenetración entre público e intérpretes en el Patio Central. No, ambas ferias no son lo mismo y qué bueno que podamos mantenerlas. Señores políticos: si la Feria comenzó en uno de los edificios, la Normal, que forjó a esos hombres que atrajeron para Xalapa el epíteto de Atenas Veracruzana, las dos ferias son ahora uno de los pocos blasones con que esta ciudad cuenta. Sí, son ferias discretas, no han crecido como sus pares de Monterrey, y no alcanzarán nunca la estatura de la estrella de la familia, la Feria de Guadalajara, pero una es una feria íntima, en el corazón del corazón de la ciudad, y otra es una feria de carácter universitario, cuya misión es difundir nuevas ideas, discutir conocimientos, brindar reconocimientos a figuras señeras.

Ojalá que las contribuciones que aporte la discusión en el Foro Arte, Cultura y Patrimonio no sean en el sentido de refundir las ferias de Xalapa –las ferias que sí funcionan y cuyo propósito no es embrutecer aún más al pueblo xalapaniense con base en churros, chelas y chunchaca, la versión naca de sexo, drogas & rock’n roll–, que no propongan la brillante idea de que para eficientar los recursos es necesario refundir las ferias.

La edición número XIX de la Feria Infantil y Juvenil tuvo presencias notables: Hernán Lara Zavala, Francisco Hinojosa, Mónica Lavín, David Martín del Campo, entre otros. Con todo las presentaciones siguen siendo una de las partes menos atractivas de esta actividad. Queda como un reto exigir que los exponentes ofrezcan en efecto un alto porcentaje de literatura infantil y haya más ofertas. Aún queda el balance de esta edición pero a grandes rasgos se advierte que se mantuvo dentro de su nivel. Lo que para una feria que estuvo en trance agónico no son malos signos. El director del IVEC, Sergio Villasana Delfín ha asumido personalmente el reto de estudiar los números y escuchar lo mismo a los libreros que a los profesionales de la cultura y del libro en Veracruz. La siguiente edición será sin duda un reto: es necesaria una transformación pero ésta se hará dentro de los parangones de la propia celebración.

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