CONFABULARIO:LaCULTURAquenoVENDE

CONFABULARIO

El sábado 26 de abril se publicó el último número del suplemento cultural de El Universal. Durante cuatro años en los que se editaron 210 números, Confabulario, título que rinde homenaje a uno de los libros más célebres de Juan José Arreola, además de cubrir las asignaturas correspondientes a un medio periódico de divulgación cultural y literaria –homenajes, celebraciones, obituarios, reseña de novedades en el campo de los libros y de las varias artes–, se destacó por su espíritu ecuménico, contrario a los tufos enrarecidos que se respira en las mazmorras en que suelen convertirse los suplementos literarios –con la otra honrosa, extraordinaria excepción: El Ángel, auténtica tribuna donde confluyen escritores, artistas y periodistas de disímiles tendencias.

Si cada espacio refleja el carácter de su director y de sus conjurados, Confabulario reflejó la pasión crónica de su director, el notable cronista Héctor de Mauleón, así como la de sus figuras tutelares: Carlos Monsiváis y Rafael Pérez Gay. Merced a esta impronta y compartida devoción, en Confabulario se incluyó permanente pero intermitentemente una crónica urbana –a cargo de José Luis Berdeja–, que registraba, con espíritu enciclopédico, los vericuetos de la urbe a través de sus personajes. Igualmente se registraron los sucesos cotidianos de la actualidad junto con la exhumación de esos sucesos que impactan, impregnan esa arcilla que llamamos memoria. Confabulario nos convirtió en contemporáneos de los hombres al devolvernos a un pasado que seguía vigente en la bruma azul de la leyenda. Por aquí desfilaron los grandes crímenes de México, gracias a la pluma de Norma Lazo, lo cual se traduciría en un libro, e igualmente emergieron textos desconocidos u olvidados en los archivos de El Universal. Herencia acaso de esa prolijidad para documentar nuestro pasado que distingue a Monsiváis y sus albaceas, pero también señal de identidad de Mauleón, cuya singular y dignísima narrativa –suyos son dos grandes libros de relatos– explora los laberintos de la urbe para hallar singularidades a través de las cuales los tiempos se entreveran.

Confabulario asumió el papel de arena que en los ochenta y noventa detentó el suplemento Sábado. A tal punto se dio este relevo que el propio Huberto Batis, colaborador en un principio de Confabulario, se enfrentó a Héctor de Mauleón en un coctail allá en la Cineteca, por un malentendido durante una presentación. De Mauleón, que pese a su aspecto de hombre de los bosques provenzales es un hombre ecuánime, a quien recuerdo jugando futbol en una cancha improvisada en una isla de Sinaloa con un entonces niño llamado Ezra, prefirió desairar las increpaciones del colérico Batis. Chismes aparte, en Confabulario la polémica se escenificó, lo cual indica que era el suplemento más leído y el más abierto para dirimir esas cuestiones que dividen el medio intelectual. Ahí se enfrentaron los adoradores y los denostadores de Andrés Manuel López Obrador y sus atribuciones, con toma de posiciones por escritores que simpatizaban y que disentían; igualmente se discutió el Diccionario Crítico de la Literatura Mexicana de Christopher Domínguez, en la que sería la última polémica.

Al desaparecer Confabulario desaparece no sólo un suplemento –no era uno más– sino el territorio por excelencia para dirimir y confrontar las diferencias. Una de sus secciones, La silla eléctrica, firmada por Los Verdugos, cuestionó la actuación de los funcionarios públicos dedicados a la promoción cultural, mediante la lectura atenta de sus declaraciones. Críticas hubo lo mismo para personajes tan ilustres como Sari Bermúdez que Raquel Sosa, para los funcionarios del Gobierno del Distrito Federal que para los ilustres funcionarios del CONACULTA. Se extrañará sin duda esta fuente invaluable, espejo y fulgor de la corrupción y la estulticia de nuestros funcionarios, quienes desgraciadamente son quienes distribuyen el dinero para la cultura en México.

En un blog leí que Confabulario desapareció a causa de la presión del gobierno, ya que justamente en La Silla Eléctrica se criticó a la administración cultural de los panistas. Disiento de esta versión, cómoda para las mentes que todo lo solucionan con conjuras, ya que igualmente podría decirse que AMLO presionó para que dejaran de exhibir a sus colaboradores y correligionarios en el ámbito cultural –y no, el célebre Ñoñoña, fue un huésped frecuente en el trono improvisado de La Silla.

El trasfondo es más simple y prosaico: la cultura no vende y desde el arribo de Raymundo Riva Palacio a la dirección del periódico, en noviembre de 2007, comenzaron los rumores del cierre. En desayunos, bares y pasillos escuché a más de un escritor vaticinar el cierre inminente del suplemento debido a diferencias de Riva Palacio con el criterio del suplemento. Supongo que estos mis amigos no estaban tan equivocados: al final Confabulario nunca recuperó su número de páginas de origen –veinticuatro, como las originales de este periódico,– y terminó engullido por la maquinaria trituradora de detritus, perdón de publicidad, que es el periodismo moderno y singularmente El Universal

¿Alguien recuerda El Universal Ilustrado, esa publicación señera en los ámbitos del espectáculo y de la cultura, donde junto a las crónicas frívolas se encarnizaban las polémicas genésicas de nuestra modernidad literaria allá en los rugientes años veinte? Desde entonces, El Universal no ofrecía suplementos de cultura. Durante cuatro años y doscientos diez números, Confabulario nos permitió pensar que la cultura era importante, que la crítica aún era válida en un país donde diariamente constatamos no se acepta tal crítica. Ni por los creadores. Hoy regresamos a nuestra realidad; siempre más pobre pues la crítica es fundamental. A los mercaderes sólo cabe decirles, parafraseando a Pascal, el santo patrono de Boing, a quien tanto gustan citar hoy los publicistas, que hay razones que la cartera no entiende.

Al dejar el suplemento, a De Mauleón le ofrecieron mantener el programa de televisión del mismo nombre: Confabulario, que trasmitía Proyecto 40 desde 2007. Dignamente, Mauleón decidió no continuar, ni siquiera como reportero en la que había sido su casa en estos últimos cuatro años, luego del cierre de El Independiente, diario donde los confabulados emprendieron su travesía. Curiosamente, el director de ese medio era también Riva Palacio. ¿Casualidad?.

Lástima; perdimos un espacio y al menos alguien estará contento: Sergio Vela ya no tendrá quien le ponga sus veladoras cotidianas para zaherirlo, sahumarlo y sarandearlo –el yerro ortográfico es voluntario 😉 

P. D. En ese último número, José Homero escribió acerca de la corbata. Léanlo; es la última oportunidad.

LA ANHELADA NUEVA ÉPOCA

SUCESIÓNenlaEDITORIALdelaUV/III y última parte

La exposición del rector Arias Lovillo en su columna semanal de los motivos argüidos por Anaya para renunciar se recordará como un acto valiente. En cambio, el artículo de Celia del Palacio Montiel, la ex directora y durante un mes directora interina de la Editorial de la Veracruzana, publicado el 12 de febrero en Universo, el órgano informativo de la UV, resultó  redundante con respecto a lo ya expuesto por Arias Lovillo y hasta cierto punto un ajuste de cuentas con Anaya, quien llegó recomendado por ella. Es cierto, había que responder a las críticas, sobre todo porque se habían tergiversado las opiniones de la propia Del Palacio, como ocurrió en Milenio, en una nota cuya cabeza atribuía ambiguamente a Del Palacio la descalificación de los escritores veracruzanos: “Lo que se busca es calidad y pertinencia, dice Celia del Palacio. Literatos veracruzanos carecen de calidad” (publicada el 30 de enero; ya no se puede consultar en red). Se amarraban navajas que Del Palacio no empuñó y en cambio prefirió orientar armas contra su antiguo recomendado.

Del Palacio en su artículo intitulado “La Editorial de la Universidad Veracruzana” (Universo, 12 de febrero de 2008 ) manifestaba:

  • En los días recientes, la súbita renuncia del maestro Jesús Anaya a la Dirección Editorial de la Universidad Veracruzana (UV) ha sido motivo para que se hagan afirmaciones sobre esta institución, que carecen de fundamento y que demuestran el profundo desconocimiento de quienes las emiten respecto de la verdadera condición de la Editorial y de los procesos de transformación que se han puesto en marcha en ella en los últimos dos años.

Para corroborar que su artículo respondía a la carta de Anaya, Del Palacio concluía su artículo afirmando:

  • La transformación hace tiempo que está en marcha y aunque reconocemos que queda mucho por hacer, la Editorial de la Universidad Veracruzana no se mueve sobre arenas movedizas. Estamos construyendo sobre cimientos firmes el futuro de esta institución.

Es cierto, nadie esperaba la renuncia instantánea de Anaya, quien algo debió de haber visto mal para preferir los pies en polvorosa; a lo mejor el sueldo . Pero también es cierto que si el rector lució acertado y valiente al difundir las razones de la renuncia, la explicación de Del Palacio, su defensa de su propia gestión y su encono ante la renuncia y las observaciones de Anaya, traslucen, destilan, enojo. Un lector más inteligente que el Tonto que esto escribe podría sospechar: ¿enojo por expresar una convicción? Anaya, quien se ha desempeñado en el sector editorial orientado al comercio, no a la difusión humanista, como es el caso de la Editorial de la UV, considera que las editoriales universitarias de México adolecen de dolencias atávicas: “males endémicos” en sus palabras. ¿Tanto enojo causa esta convicción? Yo considero que en Xalapa, mientras no se respete la critica y no se valore y justiprecie el esfuerzo intelectual la ciudad y sus instituciones continuarán hundiéndose en la mediocridad. Es una convicción que me confirman los hechos a cada momento: los funcionarios que confunden el pago de publicidad con la compra de aplausos, el atropello de los derechos autorales, la ausencia de pagos por los trabajos intelectuales… Pero esto no viene al caso, diría Raymond. La pregunta es: ¿fueron las convicciones de Anaya las que causaron el encono o el hecho de que se tratara de su recomendado y por ende ella quedara mal ante la opinión pública?

 Bastaba con que expusiera los actos realizados durante su gestión, ya que si algo debemos destacar dentro de este embrollo en que se convirtió la sucesión en la Editorial, es la continuidad en los proyectos. Y en el caso de las acusaciones o tergiversaciones, contestar puntualmente, responder: nunca he descalificado a los escritores veracruzanos, la Editorial no está cerrada a los veracruzanos.

Quienes han trabajado de cerca con Jesús Anaya recuerdan a un hombre comprometido con su trabajo. Enterados de los hechos en Xalapa se sorprenden un poco de que Anaya no haya aclarado ni respondido. ¿Por qué Anaya no ha dado su versión? ¿Qué ocurrió?

Sergio Raúl López, reportero de El Financiero, y colaborador de Performance, entre otros diarios de provincia, solicitó a Anaya una entrevista al respecto. Anaya rechazó la entrevista y remitió en cambio la siguiente respuesta. Transcribimos la declaración textual:

 

  • “No tengo mucho que agregar al comedido comentario del rector de la Universidad Veracruzana, doctor Raúl Arias Lovillo, en torno a mi renuncia a la dirección editorial de esa institución. Me parece que ambos coincidimos en el diagnóstico de los males endémicos que padece la edición universitaria en México –un capítulo significativo de la profunda crisis estructural de la educación superior que han señalado diversos expertos, y que discrepamos en cuanto a la necesaria voluntad transformadora del statu quo: carezco en este momento de mi vida de la energía requerida por tal esfuerzo, me equivoqué y calculé mal mis reservas  para participar en un combate desigual y prolongado que, ciertamente, libra con mucha entereza el rector y espero sinceramente que logre los mejores resultados.
  • Reconozco también su firme solidaridad pública ante el ataque difamatorio de que fui objeto por un gacetillero de ínfima catadura y me queda claro que el golpe bajo era en realidad una sucia y mezquina agresión contra la actual administración universitaria.”

        Atentamente

       Jesús R. Anaya Rosique

Díez de gloria

Con la asunción de Joaquín Díez Canedo Flores como nuevo director de la Editorial de la UV, ha concluido esta historia de enredos. El Diletonto estuvo presente el día en que Díez Canedo hizo pública su nueva función. El martes 26 de febrero en el auditorio de la Librería Rosario Castellanos, tras cerrar la ceremonia de presentación del libro Terra Cognita de Mauricio Montiel Figueiras, en la que fungió como moderador, Díez Canedo anunció que era su última aparición en público como funcionario del Fondo de Cultura Económica, ya que se trasladaba a Xalapa para asumir la dirección Editorial de la UV. Un aplauso, un cálido aplauso, fue la respuesta. Y durante el coctel, muchos le desearon éxito. Pareces una súper estrella, le comentó alguien y él sólo sonrió.

Díez Canedo es un hombre querido por los escritores e intelectuales en México. Ojalá que en esta primera empresa en la ciudad a la que tanto quiere, las calumnias y los golpes bajos con que los gatilleros de gacetilla no lo disuadan. No sólo la Editorial, muchas instituciones culturales en Xalapa y Veracruz requieren gente honesta y con buenos modales.