CANDIDATEANDO A LA CULTURA

DALIA EN LUCIO

Acostumbrados a la indiferencia y en más de un sentido, al desdén con que los políticos enfrentan la cultura, el artista, el diletante y el Diletonto observan anonadados el ahínco con que varios candidatos de Xalapa a puestos de representación popular han incorporado el tema de la cultura a sus propuestas. Tradicionalmente los candidatos, que en los viejos buenos tiempos eran los virtuales triunfadores, es decir, los del PRI, se reunían en un desayuno o una comida informal con los representantes destacados de la comunidad artística e intelectual de Xalapa, aquellos que siempre otorgan becas, presiden consejos consultivos y son los sempiternos jurados y emblemas de la cultura oficial. Ahí el Candidato les prometía apoyo, oía peticiones —que siempre suelen ser de índole personal encubiertas como de “interés comunitario”—, departía alegremente con la Comunidad del Espíritu y nada ocurría. La cultura continuaba, como hasta ahora, sujeta a los caprichos del gobernante o del alcalde en turno. Si uno verdaderamente estaba preocupado por la promoción cultural o por mejorar los niveles educativos, lo sensato era rezar para que el Elegido designara a una persona culta, sensible, sensata y sobre todo honesta, en vez de a un holgazán o un pillastre en las direcciones responsables de la gestión de cultura. En estas elecciones 2007 ha cambiado el asunto.

No sabemos si por genuina convicción, porque comparten asesor o porque se copian mutuamente las declaraciones, los candidatos a la Cámara y a la alcaldía mostraron inusitada atención a los problemas de la comunidad artística y cultural. Uno, ya fuera de la jugada, prometió un Instituto de Cinematografía. Xalapa como Hollywood. Otra, aboga por una Ley de Cultura. La anterior es obsoleta, dice, aunque no se haya tomado la molestia de leerla. Una más prometió suscribir ante notario un compromiso a favor de la cultura. Otro más declaró que la cultura sería prioritaria en su mandato.

Los cultos amos

Para Rafael Hernández Villalpando, David Velasco Chedraui, Dalia Pérez Castañeda, Atanasio García Durán y Cynthia Lobato la cultura es prioritaria porque identifican a Xalapa como una ciudad generadora de cultura. Todos repiten el tópico de que Xalapa es considerada un manantial de cultura. E infieren que dado que Xalapa es una ciudad culta, los ciudadanos están preocupados por la cultura. La conclusión del silogismo: ya que los habitantes de Xalapa están preocupados por la cultura, atendamos la cultura. Prometamos algo, porque como sucede en política, no se trata de un interés genuino sino de encontrar áreas inéditas para prometer, ofertar, cosas inéditas. Terreno virgen, claro. Nadie prometía nada en el ámbito de la cultura. Muchos votantes nos esperan. Ahora todos prometen, no importa que se desconozca cuáles son las leyes, cuáles son las limitantes, no importa que las propuestas no estén acordes a la realidad jurídica ni siquiera a la realidad. Y eso que los asesores de estos políticos se ufanan de diagnosticar conforme a la realidad.

¿Y qué prometen? Si la evaluación de Xalapa como una ciudad culta solivianta la mistificación de considerar que por ende los ciudadanos se preocupan por la situación de la cultura, la siguiente mistificación vincula a cultura con turismo. De acuerdo a las declaraciones de los candidatos, Xalapa, en tanto ciudad culta, debe de atraer turismo. El matiz: dado que Xalapa no posee ninguna otra fuente de riqueza, la riqueza debe provenir del turismo y dado que no hay playas ni monumentos coloniales, el atractivo debe provenir de los espectáculos culturales que se ofrezcan. Por si uno, uno sólo de nuestros queridos lectores, se ilusionó pensando que al fin nuestros candidatos pensaban atender la proverbial mala situación económica en que vivimos quienes nos dedicamos a las artes, así sea sólo mirando como este Diletonto, promoviendo prestaciones, que se nos considerara en el IMSS, el ISSTE o en el IPE, que se nos pagara dignamente por nuestro trabajo y se cambiara la educación, lamento informarles que no. Lo que nuestros candidatos consideran es que la cultura puede ser un negocio y que hay que ver de qué modo se puede lograr tal negocio.

En la plaza vacía, nada vendía

La pregunta es: ¿qué vendemos? Y la respuesta es: cultura. Sí, cultura, pero no aquella que se propone cuestionar los fundamentos sociales, que es el sustrato del Romanticismo, cultura como nombre que engloba las obras de la tradición moderna, del enfrentamiento del artista con la sociedad. Tampoco cultura en términos antropológicos en los que el valor es intrínseco a la identidad de un pueblo sino cultura como sinónimo de espectáculo. Si Jean-François Lyotard ya nos había advertido en su seminal La condición posmoderna, que en su origen es un informe para la UNESCO, que el único conocimiento que importaría ese futuro que es hoy nuestro presente, sería aquel capaz de transformarse y codificarse en información —con lo que el pensamiento agonista, trágico, queda excluido—, hoy podemos decir que conforme a la idea de cultura de nuestros candidatos, la única cultura válida y posible es aquella susceptible de transformarse en dinero. Xalapa será culta si puede generar dinero. Y la única idea que nuestros candidatos o sus asesores tienen de generar dinero es crear festivales, promover el turismo. Nadie por ejemplo ha reparado que se visita Monterrey o Oaxaca, por sus museos, que Tijuana es un semillero de nuevas expresiones artísticas y culturales y que en estas ciudades, además de México o Guadalajara, existe una vigorosa comunidad artística y cultural no enraizada en el buró, como sucede en Xalapa.
Por ello, las propuestas de los candidatos, independientemente de su ideología, procedencia y formación, coinciden. Hay que convertir a Xalapa en centro del mundo, aseguran los más ingenuos. Hay que modificar las leyes. Y olvidan que esta consideración de la cultura como expresión turística está implícita en la idea que Gustazo Souza, secretario de Turismo y Cultura —el orden sí altera el valor— tiene de la cultura. Y que justamente Souza ha dicho que verán de qué modo el patrimonio histórico puede utilizarse como espacio para el turismo, para ofertar servicios (sic). Así, los candidatos coinciden en que la cultura es turismo y que el turismo debe de ser la panacea de esta ciudad serrana.
Los candidatos coinciden igualmente en el modo en que atraerán visitantes. Haremos festivales, impulsaremos festivales dicen. Apenas en el número anterior del periódico Performance publicamos un fragmento de la investigación de la doctora Molina donde enfatiza el enorme número de festivales existentes en Xalapa que contrasta con la escasa inversión, su carácter local y la poca difusión. ¿No sería mejor atender más y fortalecer a los ya existentes pero invirtiendo en la promoción en lugares allende la frontera del chicharrón y del café? ¿Por qué no invitar figuras relevantes que convoquen público foráneo? ¿Por qué no pagar a los artistas locales? En suma: ¿por qué no generar una visión moderna de la cultura y no sólo comprar el dicterio de algún brillante experto en gestión cultural o alguna junta de doctores culturosos? Porque por principio los candidatos tendrían que tener una idea de qué es cultura. Y segundo sus asesores deberían evaluar el impacto y los modelos que han permitido a países como Luxemburgo generar riqueza a través del turismo cultural.
Por si esto fuera poco, además de la panacea que implica crear festivales y sentarse a esperar que pase el vecino en ataúd, perdón, a que lleguen turistas, los asesores brillantes de los candidatos les han susurrado que en el mundo hay un mar de organismos internacionales deseosos de contribuir con dinero a festivales de cultura en ciudades serranas rodeadas de neblina. Hmmm. ¿Han averiguado los brillantes asesores expertos en gestión cultural si es posible jurídicamente recibir fondos internacionales? Incluso en el propio gobierno se levantan voces en contra. Ya lo dijo Rafael Arias Hernández en la inauguración de la página del CTREIGVER: es una tontera andar diciendo que se transformarán las instituciones mediante inversiones extranjeras. En discurso pronunciado en el Hotel Xalapa el 14 de agosto, el artífice del Plan Veracruzano de Desarrollo declaró: “Si los funcionarios responsables de las áreas de cultura, educación y desarrollo del estado quieren que las inversiones vengan al Estado, deben considerar el manejo de información estadística y de datos duros, que reflejen la actividad económica de las ciudades, la infraestructura con que se cuenta…”
El nuevo nombre de conjuro que todo lo resuelve se llama Fundación y a tal penate se acogen. Ojalá así sea. Mientras tanto estamos leyendo El Secreto para ver si con puro pensamiento positivo logremos que José Homero convierta Performance en una empresa. Esperemos que ningún gestor cultural le susurre que cree una Fundación.

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