Gobernador Constitucional del Estado de Veracruz, rindió su Segundo Informe de Gobierno el miércoles 15 de noviembre en el Congreso Local del Palacio Legislativo de Xalapa, Veracruz. La impresión entre los veracruzanos de la gestión de Herrera Beltrán es favorable. El carisma, la tenacidad y la vocación de trabajo del gobernador han revertido el acervo con que obtuvo la gubernatura en las elecciones de 2004, obtenida por estrecho margen. No sólo eso, hábil político, formado en los círculos privilegiados del priismo y alumno avezado y avanzado de algunas de las figuras políticas más señeras de los setenta, Herrera Beltrán posee don de gentes, conoce las necesidades, anhelos e inclinaciones del pueblo y sabe, además, cómo aprovechar la gestión en beneficio de su popularidad, Es un político del pueblo y por ello su popularidad se cimenta, en muchos momentos, en el populismo, una de las formas más conocidas de gobierno y también una de las más peligrosas. La popularidad y la aprobación popular son palpables; los números, las estadísticas y el listado de las obras corroboran la opinión.
No siendo especialistas en tales obras, la revisión de los documentos del Informe parece pausible y soslayo constatar los datos con las obras. En el campo que nos atañe, como periodistas, escritores e intelectuales, y del cual conocemos al menos lo que nuestros ojos ven, el panorama luce menos idílico. La actuación de Fidel en el ámbito de la cultura, más allá del laconismo de las cifras y estadísticas, las cuales constituyen el meollo de su Informe en el rubro de Educación y Cultura –cincuenta y seis páginas, que el curioso lector puede descargar en Portal Veracruz– se ha caracterizado por una ausencia de planeación y por un manejo, oh casualidad, personal, protagónico de las actividades.
Los de adelante corren mucho
En la exposición de fotografías en los corredores de Palacio de Gobierno de 2005, era visible la ausencia de un programa de cultura. Fidel aparecía con figuras claves de la cultura mexicana —José Luis Cuevas, Carlos Monsiváis, Sergio Pitol— y con otras de la escena internacional —Mel Gibson en el pizarrazo de Apocalypto— como si la presencia de tales personalidades o sus premios, fueran producto de su gestión. Las imágenes revelaban y afianzando el gesto ideológico trasunto en las instantáneas: un hombre de acción recorriendo apresurado los pasillos de la FILU, celebrando, bromeando. El exceso de gerundios no procede de la Gran Barata del Palacio sino del tiempo: presente puro que en el registro no concluye. Las imágenes no implican la reflexión sino la actividad. Elogio del movimiento que en términos de cultura contrasta totalmente no sólo con la habitual imagen del hombre sabio —mesurado, reflexivo, características de los gobernantes de la Antigüedad—, sino también con los hechos: la demora inexcusable en la designación del titular de la Secretaría de Turismo, la postergación del Programa de Cultura, el apoyo errático a la Iniciativa de Ley.
Una cultura del caos
Por si esta caótica situación de la que en Performance puntualmente hemos dado cuenta no fuera suficiente, el estilo personal, el populismo pues, con que nuestro Jefe de Gobierno ha preferido afrontar a los artistas, en poco ha ayudado a fortalecer las instituciones. Pedir recursos para la cultura es correr detrás del gobernador en una gira o interpelarlo en la iglesia o en el parque —los ejemplos son fidedignos, no sólo por Fidel: afortunadamente tengo conocidos quienes se ufanan de contarme cómo lograron que el gobernador les diera dinero para sus proyectos—. Y otorgar apoyo a la cultura es entregar sacos con dinero o firmar cheques sin revisión del erario público. La paradoja del populismo es que beneficia a unos pocos pero corrompe a todos.
Por supuesto que este populismo además de debilitar la vida institucional conlleva riesgos. El más famoso de los casos, aunque sabemos que no el único, es el de la asociación civil Caftán Rojo, que a decir de algunos de los implicados en el programa Caravanda, terminó fraudulentamente, sin que el gobernador haya desmentido las acusaciones. ¿Infundios? ¿Verdad? Quien quiera documentar la vida cultural en Veracruz tiene aquí un caso fehaciente: dinero otorgado a particulares, para beneficiar a particulares, que nadie sabe, nadie supo, ni la leche Conasupo, donde quedó el cochupo. La comparecencia del licenciado Gustavo Sousa Escamilla dentro de un par de semanas en el Congreso Local acaso convierta en obsoletas y en erróneas muchas de las preguntas planteadas por este opinador. Por el bien de Veracruz, esperamos que pronto haya un programa, una dirección, una luz en medio del caos que ha constituido y continúa siendo la realidad de la cultura en Veracruz. Ojalá esa luz no sea la que ven los moribundos.
2 comentarios
RSS de los Comentarios Identificador URI de TrackBack
Deja un comentario




Hi, this is a comment.
To delete a comment, just log in, and view the posts’ comments, there you will have the option to edit or delete them.
Estimado Maestro José Homero, felicidades por su blog.
Un abrazo.
Carlos Manuel Cruz Meza